-Hey Seb… ¿Qué te tiene tan pensativo? ¿Todo bien?
-¿Qué?
-¡Que qué es lo que te tiene tan en otro mundo! – Insistió Pierre - ¿Pasa algo? ¿Todo bien con mi sobrino?
-Ah… no, no… no pasa nada con el bebé.
-Genial…. ¿Cómo está?
-Según el médico, está perfecto.
-Esas son muy buenas noticias. ¿Qué pasa entonces que andas re perdido?
-Es que… quiero proponerle casamiento a Zoe.
-¿En serio?
-Sí…
-¡Felicitaciones bro!
-No festejes, que todavía no le dije nada.
-¿Acaso crees que te puede llegar a decir que no? Seb, están juntos hace cinco años, y van a tener un hijo en unas semanas… ¿Qué más queres? Te ama más que cualquier otra persona.
-Y yo a ella…
-¿Entonces?
-No sé… son nervios, supongo.
-No tenes por qué tener nervios Sebby… te va a decir que sí, es obvio. ¿Cuándo pensas hacerlo?
-Esta noche… Hace un rato se fue a la casa de su hermana, y vuelve en unas horas.
-¿Y qué mierda haces vos en mi casa? ¡Anda a preparar algo! Quiero creer que tenes algo en mente, no se lo vas a proponer así nomás.
-Sí… Hablé con David, tengo que pasar a buscarlo en quince minutos, y él me va a ayudar.
-Bueno, en ese caso, no es que te quiera echar de mi casa, pero se te hace tarde.
-Ja, ja… ok, ok… ya me voy.
-Suerte bro… después contame cómo te fue.
-Dale.
Me despedí de Pierre y salí de su casa. Subí a mi auto, lo puse en marcha y me dirigí a casa de David. En el camino, llamé a Zoe para asegurarme de que no iba a llegar temprano, así organizaba todo con suficiente tiempo.
-¿Hola?
-¿Cómo está la señorita más hermosa?
-Es increíble que hace cinco años me digas lo mismo y sigas haciéndome reír cada vez que lo decís.
-Es la pura verdad… ¿Cómo estás amor?
-Bien… yendo a lo de mamá. ¿Vos? ¿Todo bien?
-Todo perfecto. ¿Qué te dije de atender el celular mientras manejas?
-No pasa nada… no hay tráfico, la autopista está vacía, estoy atenta… Está todo bien mi vida.
-Igual… sólo te llamaba para saber si te quedabas a cenar con tu hermana…
-Mmm… no creo. Igual me voy a quedar un rato más. Pero prefiero cenar con vos.
-Genial… ¿Tenes algo en mente que quieras cenar?
-Eh… no… lo dejo a decisión tuya mejor. Ah, ahora que veo la agencia, mañana haceme acordar que pase para arreglar unos papeles del auto.
-Dale… ¿Cómo está el peque?
-Inquieto… y me recuerda a alguien.
-A mí seguro que no…
-Ja, j…
De repente algo interrumpió su risa. Se escuchó el ruido de un impacto, había sonado fuerte; escuché a Zoe gritar, y ahí caí en la realidad.
-Zoe… Zoe… ¡ZOE! – exclamé, desesperado. Sólo lo peor pasaba por mi mente – amor… decime algo, por favor…
-S-Seb… - oí que logró decir con dificultad – llama a E-emergencias…
-¡Zoe! – volví a exclamar – Aguanta, por favor.
En ese momento agradecí el hecho de que siempre llevaba otro celular en el auto por cualquier cosa que lo necesitara. No iba a colgar la llamada con Zoe, por lo que tomé el otro aparato, estacioné el auto a un costado y marqué el 911.
-911… ¿Cuál es su emergencia?
-¡Mi mujer tuvo un accidente! – podía escucharla gritar, llorar, y no saber cómo mierda estaba me desesperaba aún más.
-¿Qué tipo de accidente?
-Automovilístico
-¿Puede decirme la dirección donde ocurrió?
-E-en la autopista 41… a l-la altura de-de la agencia automotriz. Por favor, apúrense. ¡Está embarazada!
-Tranquilícese señor. Los paramédicos están en camino. ¿Cuál es su nombre?
-Sébastien.
-Sébastien, por favor, mantenga la calma. ¿Su mujer está consciente?
-E-eso creo… n-no estoy con ella, la tengo al teléfono.
-¿La escucha respirar?
-S-sí… pero le cuesta.
-Está bien, la ayuda ya debe estar por llegar.
-Gracias.
Corté la llamada sin importarme si la mujer del otro lado lo quería o no. No entendía cómo mierda pretendía que me calmara siendo que la vida de las dos personas más importantes en mi vida corría peligro. Sin pensar en nada, volví a poner el auto en marcha y me dirigí a lo de David; al llegar, bajé rápidamente, y golpeé la puerta, una y otra vez, desesperado, rogando que se apurara.
-¡Ya voy! – escuché que exclamó del otro lado. Y al abrir, se llevó una sorpresa - ¿Seb? ¿Q-qué pasa? ¿Por qué golpeabas tanto?
-Dave…. Zoe…
-¿Qué pasó con Zoe?
-Zoe…
-¡SEB POR FAVOR DECIME QUÉ PASÓ CON ZOE!
-Tuvo un accidente… - en ese momento, las lágrimas que tanto esfuerzo había hecho para contener, empezaron a rodar por mis mejillas, había perdido el control de todo.
-¿Qué?
-Tengo que ir al hospital… por favor, acompañame.
-Vamos. Manejo yo.
Subí nuevamente al auto, pero esta vez en el asiento del acompañante y David me siguió. Lo puso en marcha y emprendió el camino al hospital, lo más rápido que podía, pero precavido, lo que menos queríamos era causar un accidente más.
-¿Co-cómo fue? – preguntó, al detenernos en un semáforo.
-N-no sé… estábamos hablando por teléfono… y de repente se escuchó un ruido, como un choque… y-y me pidió que llamara a emergencias… mierda Dave, la escuchaba llorar, gritar… yo me muero si les pasa algo.
-Tranquilizate Seb…
-¡No puedo David! ¡Mi mujer y mi hijo pueden estar graves!
-Ya llegamos. Vamos.
Estacionó cerca de la entrada, bajamos y rápidamente nos dirigimos a la mesa de entrada.
-Señora… ¿Acaban de traer a una mujer que tuvo un accidente automovilístico? – preguntó David. A mí me faltaba calma para hablar con quien fuese.
-Sí… Ingresó hace cinco minutos. La están atendiendo.
-¿Cómo está?
¿Es usted familiar suyo?
-Yo no… mi amigo es…
-¡Es mi mujer, por dios santo! – Exclamé, nervioso - ¿Cómo está?
-Señor, por favor, baje la voz… está en un hospital.
-¡¿ME PUEDE DECIR CÓMO MIERDA ESTÁN MI MUJER Y MI HIJO POR FAVOR?!
-Por favor, diríjase a la sala de emergencias. Aún no hay noticias de cómo están, pero cuando el médico salga va a poder preguntarle. Sólo puedo decirle que ingresó en un estado muy delicado, lo siento.
-Gracias – respondió Dave. – Vamos Seb.
Me tomó del hombro y me guió hasta la sala de emergencias, donde me hizo sentar. Yo sólo hacía lo que me indicaba, no reaccionaba, tenía la mirada perdida, sentía que todo el mundo se me había venido abajo.
-Todo va a estar bien bro – murmuró y me abrazó.
-Gracias Dave.
-No me tenes que agradecer… Sos mi mejor amigo y jamás te dejaría sólo, mucho menos en algo así.
Apoyé la cabeza en su hombro, y me quedé así unos segundos, que parecieron eternos, intentando no pensar en nada, hasta que vi un médico salir y me puse de pie inmediatamente.
-Doctor… ¿Cómo está Zoe?
-¿Usted es familiar?
-Es mi mujer… ¿Cómo está?
-Está en un estado demasiado crítico. Tanto su vida como la del bebé están en grave peligro. Necesitamos su consentimiento para realizarle una cesárea urgente.
-S-sí, lo que sea necesario.
-Antes de que firme, tengo que informarle que es un procedimiento riesgoso debido a su estado. Nada de lo que hagamos, tiene un cien por ciento de probabilidades de ser exitoso. Si hacemos la cesárea, hay grandes posibilidades de que su mujer no lo resista, pero es la única manera de intentar salvar el bebé.
-¿Y… si no hacen la cesárea?
-El bebé va a morir… y eso nos dificultaría más detener las hemorragias internas de su mujer.
-Mierda… - murmuré, y bajé la cabeza.
-Sé que es una decisión difícil de tomar, pero cuanto antes comencemos con todo, mejor va a ser.
Miré a David, necesitaba ayuda, no sabía qué elegir. Iba a perder a Zoe o a mi hijo, o quizás a los dos; no era justo. Quería creer que todo era una pesadilla, que cuando abriera los ojos iba a tener a Zoe a mi lado, y que todo iba a estar bien, pero no, era la cruda realidad, la vida de las dos personas que más amaba dependían de lo que yo decidiera, y de lo que los médicos pudieran hacer. David sólo asintió, parecía que tenía más claro lo que pasaba por mi propia mente que yo mismo. Respiré hondo una última vez, cerré los ojos dos segundos, volví a abrirlos y firmé la planilla que el médico me había entregado anteriormente.
-Gracias. Tengo que volver al quirófano, pero apenas tenga noticias, se lo voy a informar.
-Gracias.
A la vez que él volvía a su trabajo, David y yo volvimos a sentarnos. No quería creer que todo eso era real, deseaba poder dar mi vida a cambio de la de ellos dos, no soportaba la idea de perderlos.
-Seb… ¿Querés algo de comer? – preguntó David después de un largo rato en silencio. Yo estaba sentado en el piso, abrazándome las rodillas, con la mirada fija en las baldosas – Te va a hacer bien.
-No.
-¿Un café al menos? Necesitas consumir algo, te va a hacer mal que no comas nada.
-Ok.
Se puso de pie y se dirigió a la cafetería del hospital. Unos cinco minutos después volvió con dos cafés y una pequeña bolsa de lo que parecían ser dulces.
-Toma – me dijo, entregándome uno de los cafés.
-Gracias… - extendió la mano en la que tenía los dulces, ofreciéndome – Dave, lo que menos necesito es estar más activo de lo que ya estoy. Demasiado con el café.
-Comer dulces me ayuda cuando estoy nervioso… tal vez te ayude a vos también.
-Si vos lo decís.
Se sentó a mi lado y nos quedamos un largo rato allí, tomando café, comiendo dulces, y esperando tener una noticia. Varias horas pasaron, y no teníamos ninguna novedad, lo que provocaba que mis nervios y desesperación aumentaran cada vez más.
-Dios… ¿Cuándo mierda va a salir un médico?
-Tranquilizate Seb… están trabajando.
-Lo sé… Dave, anda a descansar, hace horas que estás sentado acá, tenes cosas que hacer.
-La única cosa que tengo que hacer es estar acá, bancando a mi mejor amigo.
-Sos de fierro Desrosiers… no sé qué haría sin vos bro…
-En ese momento, estarías sedado.
-Probablemente.
-Hey… ahí salió el médico.
Nos levantamos y nos acercamos al doctor.
-¿Cómo están? – pregunté.
-Hicimos todo lo que tuvimos a nuestro alcance. El bebé está estable, no le encontramos ningún problema, por suerte tiene todos los órganos bien desarrollados, y creemos que ya está fuera de peligro. Ya lo trasladamos a la sala de neonatología.
-Qué alivio… ¿Zoe como está?
-A ella conseguimos estabilizarla, de milagro, pero perdió mucha sangre, y tiene órganos comprometidos. Es poco probable que consiga pasar esta noche.
-Mierda. ¿Puedo verla?
-Ahora la vamos a trasladar a una habitación de cuidados intensivos, y vamos a hacerle algunas transfusiones. Si conseguimos que sus signos vitales mejoren en las siguientes horas, con suerte podamos llevarla a cirugía nuevamente, pero no puedo asegurarle nada, su estado es extremadamente delicado. Una vez que la traslademos va a poder pasar a verla.
-Ok.
-Ahora, si me disculpan, tengo que seguir.
-Sí, si… gracias doctor.
-Bueno, tu hijo está sano y salvo, ahora a esperar por Zoe bro…
-Sí… tengo miedo Dave.
-Lo sé, y no es para menos Seb – respondió, abrazándome – ¿Queres ir a conocer a tu peque?
-Sí…
-Vamos entonces.
Volvimos a la recepción del hospital, le preguntamos a la mujer que se encontraba allí en qué piso estaba el ala de neonatología y luego, nos dirigimos al segundo piso. Una vez allí, una de las enfermeras nos indicó cuál de todos los bebés que allí había era mi hijo.
-Bueno, anda a conocerlo. – me dijo David, cuando nos paramos los dos en la puerta del pequeño cuarto.
-Vamos a conocerlo – lo corregí – quiero que mi hijo conozca a su padrino.
-¿En serio?
-Sos mi mejor amigo, mi hermano… y sé que vas a ser el mejor padrino del mundo bro.
-Gracias Seb.
Nos acercamos a la cuna que anteriormente nos había señalado la enfermera. Ahí estaba el pequeño, durmiendo, con una cara angelical, tapado con una manta celeste, y también llevaba un pequeño gorro del mismo color. Era simplemente hermoso.
-Se parece a vos…
-¿Vos decís?
-Sí… tienen la misma sonrisita. Heey… abrió los ojos.
-Hola principito… - murmuré, y acerqué mi mano a la suya, con lo que no tardó en aferrarse a mi dedo índice. – sos hermoso, y sos fuerte… sí que aguantaste. Soy tu papá ¿Sabes?… Te voy a cuidar siempre y no voy a dejar que nada malo te pase. Sos lo más importante de mi vida Josh…
-¿Se va a llamar Josh al final?
-Joshua Matthew Lefebvre… Al menos eso fue lo último que acordamos con Zoe.
-Lindo nombre…
-Sí… este es tu padrino Josh… David. – Josh clavaba su mirada en David y luego en mí, y una pequeña sonrisa se le marcó en la cara – le hablo como si me entendiera.
-Te entiende, creeme. Sabe quien sos, y es cuestión de tiempo hasta que sepa quién soy yo… es chiquito, pero inteligente.
-Sí, tenes razón…
-Me parece que quiere dormirse de vuelta…
-Eso parece
Volví a taparlo bien con la pequeña manta y, en cuestión de unos minutos, volvió a quedarse dormido. Era un angelito.
-Felicitaciones Seb… tenes el hijo más hermoso del mundo.
-Gracias bro… ¿Podemos ir a cuidados intensivos? Quiero saber si hay alguna noticia de Zoe y, de paso, si puedo verla.
-Dale, vamos.
Volvimos a la sala de emergencias y de ahí, al ala de cuidados intensivos. Sólo dejaban pasar a una persona, por lo que David tuvo que quedarse en la sala de espera mientras una enfermera me guiaba hasta la habitación en la que estaba Zoe.
Una vez allí, la mujer me hizo entrar y cerró la puerta detrás de mí. Ahí estaba mi mujer, la madre de ese bebé hermoso, el amor de mi vida… con cortes en la cara y brazos, conectada a cientos de cables, entre ellos un respirador, y con vendas en varias partes del cuerpo, dormida, sedada o, probablemente, inconsciente. Me hacía mierda verla así, hubiera preferido mil veces ser yo el que estuviera en su lugar, no soportaba la idea de perder a la persona que más había amado en la vida.
-Tenes que ser fuerte amor… - murmuré y tomé su mano – por vos, por nosotros, por nuestro bebé. Vos tenes que estar ahí para verlo crecer, para criarlo, educarlo… no me dejes solo Zoe. Te amo mi vida…
-S-Seb… - dijo con dificultad, ya que tenía el respirador – mi vida…
-¡Zoe! Amor… vas a estar bien, sos fuerte… No te des por vencida.
-¿Cómo está el bebé?
-Está perfecto… es hermoso.
-Cuidalo… por favor. N-no dejes que nada malo le pase.
-Amor, no digas eso… lo vamos a cuidar.
-Te amo Seb… más que a cualquier otra persona.
En ese momento cerró los ojos y varias de las máquinas comenzaron a sonar sin parar, no entendía qué estaba pasando, y todo lo que pude hacer fue gritar por un médico, que no tardó en llegar.
-Por favor, retírese – me dijo una de las enfermeras, y me llevó hasta la puerta de la habitación, cerrándola en mi cara.
-¡Pero…!
-Seb… ¿Qué pasó? – exclamó David.
-No sé Dave. – lágrimas volvieron a caer por mis mejillas, a cada segundo empeoraba su estado – creo que se descompensó.
-Mierda… - no lo dudó ni un segundo y me abrazó, sabía que lo necesitaba y mucho.
-Señor Lefebvre – dijo el médico al salir de la habitación.
-Do-doctor… ¿Qué pasó?
-Se descompensó… sus órganos están fallando. No hay nada que podamos hacer, apenas intentemos solucionar un problema, se va a empeorar el resto. Ahora pudimos estabilizarla, pero es momentáneo. No creo que aguante más de una o dos horas.
-¿Me está diciendo en serio?
-Sí… lo siento.
Todo lo que pude hacer fue apoyar la espalda en la pared más cercana, y lentamente me dejé caer, hasta terminar en el piso. No podía creerlo, no, no podía ser real. Zoe tenía que recuperarse, no podía irse así como si nada, no podía dejarme sólo con nuestro hijo.
-¿Por qué? ¿Por qué hijo de puta? ¿Qué mierda te hice para que me sacaras a la persona que más amo? – había perdido toda la cordura que me quedaba, comencé a gritar mirando el techo, hasta que hundí la cabeza en mis rodillas. – Te doy mi vida, prefiero morirme yo, a cambio de que ella se recupere…
-Seb…
-No me digas nada Dave… ¡Deseo morirme acá mismo a cambio de que Zoe viva!
-Señor… por favor, cálmese o le voy a tener que pedir que se retire. Las personas en esta sala están en estados críticos, y lo que menos necesitan es alboroto.
-E-está bien… Disculpe.
-Muchas gracias.
-En-enfermera, un minuto. – la detuve mientras me ponía de pie.
-¿Qué pasa?
-¿Podría traerme a mi hijo? Quiero que conozca a su mamá antes de que sea tarde.
-Sí, señor.
-Gracias.
Le di el número de cuna en la que estaba Josh y mi apellido, y la mujer se retiró. Si no podía hacer nada para que Zoe se mejorara, al menos quería que conociera a su hijo y que él la conociera a ella.
-Seb… vamos al baño, así te lavas la cara.
-No…
-Dale Seb… haceme caso.
-No, David… no me voy a mover de acá. – exclamé, sentándome en una de las sillas que allí había, y Dave hizo lo mismo. – Ahí viene la enfermera.
-Acá está su bebé – me dijo, y me entregó a Josh.
-Gracias. Hola peque, de nuevo… vamos a ver a tu mamá, así la conoces.
Lo acomodé en mis brazos e ingresé a la habitación. Ahí estaba Zoe, y se veía incluso peor que antes.
-Zoe – murmuré, logrando que abriera los ojos – Hey… peque, es mamá.
-Seb…
-Shh… no te esfuerces en hablar, te va a hacer mal. Pero quería que conocieras a nuestro hijo. – me acerqué bien a ella, para que pudiera verlo.
-Es… hermoso.
-Como vos…
-Te amo Seb… LOS amo.
-Nosotros también te amamos Zoe… y toda la vida te vamos a amar. Amor, respondeme algo…
-¿Qué?
-¿Te queres casar conmigo?
-Seb…
-No me importa nada Zoe… sé que no vamos a poder tener una boda, y que tampoco va a tener una validez legal, pero sé que va a significar algo para los dos. Te lo iba a preguntar esta noche pero, bueno, pasó todo esto… ¿Querés?
-Sí Seb, obvio que quiero.
-Te amo Zoe… - tomé a Josh en un solo brazo y con la mano que tenía libre, saqué el anillo del bolsillo de mi campera. – y quiero que tengas esto siempre.
Tomé su mano y le coloqué el anillo. Me acerqué bien a ella, le di un beso en la mejilla y volví a decirle que la amaba.
Luego de que le dijera eso, cerró los ojos y las máquinas otra vez empezaron a sonar. Sabía que ya no había vuelta atrás, que ya no iban a poder estabilizarla, ya no se podía jugar con el tiempo, por lo que salí de la habitación con Josh, llamé al médico, le entregué el bebé a la enfermera porque era hora de que comiera, y volví a sentarme al lado de David.
-¿Qué mierda voy a hacer ahora? Me quiero morir bro…
-Ahora vas a ser fuerte, por vos y por tu hijo…
-¿De dónde mierda voy a sacar fuerzas?
-Del simple hecho de querer ver bien a ese bebé…
-Me quiero matar… no quiero vivir sin Zoe, y tampoco puedo.
-¿Realmente te queres matar Sébastien? ¿Querés que tu hijo no pierda sólo a su mamá, sino también a su papá y el mismo día que nació? ¿Querés que el día de mañana piense que su propio padre no tuvo los huevos para ser lo suficientemente fuerte y cuidarlo? ¿Que prefirió matarse antes que intentar darlo todo por él? ¿Querés que termine en un orfanato? Si queres eso, entonces dale, anda y matate. Asegurale una vida miserable a tu hijo.
-No vengas a decirme qué mierda tengo o no que hacer David… porque no sos vos el que perdió a la persona más importante de su vida. Vos no perdiste a Rox… YO perdí a Zoe. No tenes idea de lo que se siente.
-No sabré qué se siente, pero lo que sí sé, es que en este momento, tendrías que dejar el ego un poquito de lado, y pensar en tu hijo, que te necesita, en vez de pensar sólo en vos. Y perdón que te lo diga así, pero te conozco, y sé que es la única manera de que te entre en la cabeza.
Efectivamente, David tenía razón. Si intentaba hacérmelo entender por las buenas, no lo iba a lograr, yo iba a seguir en mi egocentrismo, pero por las malas lo iba a entender. Y tenía razón, tenía que pensar en Josh, no en mí. Ahora tenía una vida que dependía de mí, y no le podía fallar; tenía que seguir adelante por él.
-Tenes razón – murmuré, bajando la mirada. Sentía vergüenza de mí mismo al tener esos ataques de egocentrismo y en semejante situación. – Definitivamente no sé qué haría sin vos Dave… gracias.
Unos minutos después, el médico volvió a salir de la habitación y su cara no era la mejor.
-Lo siento… - dijo, al acercarse a mí. – hicimos todo lo que pudimos, pero no aguantó más.
-Yo también lo siento. Gracias doctor. ¿Podría pasar a verla? Sólo dos minutos.
-Sí, tómese su tiempo.
-Gracias.
Otra vez entré a la habitación. Las máquinas ya no hacían ningún ruido, y Zoe había cerrado los ojos. Sabía que era para siempre, que no iba a volver a abrirlos, pero se veía como si sólo estuviese dormida.
Una parte de mí se negaba a dejarla ir… era como si estuviese esperando que se despertara y me dijera que todo había sido una broma, que estaba bien y que íbamos a vivir felices los tres juntos, pero no, sabía bien que no era así. Zoe se había ido y no iba a volver, por más que le pidiera a Dios que la trajera de vuelta.
-Ahora sos mi angelito, Zoe… sé que me vas a ayudar a cuidar a Josh siempre… te amo princesita.
Le di un último beso en la frente y salí de la habitación. Abracé a David y juntos nos dirigimos a la sala de neonatología para ver cuándo le iban a dar el alta a Josh, lo cual, afortunadamente, hicieron varios minutos después.
Cuando salimos del hospital, eran más de las diez de la noche. Subimos al auto y fuimos directamente a la casa de David, donde Rox, después de enterarse de todo lo que había pasado, me propuso que me quedara, así no tenía que lidiar con estar sólo y a cargo de un recién nacido sin ayuda y podía descansar un poco.
-No te preocupes… Noah duerme con nosotros por hoy, así le presta la cuna al primo. – me dijo, mientras tenía a Josh en brazos – es hermoso el gordo, Seb.
-Gracias Rox… por todo. Y sí, es hermoso, no te lo voy a negar.
-No agradezcas tonti… sos como un hermano para mí, y es lo menos que podemos hacer.
-David ya hizo mucho, creeme.
-Sí, lo sé… aunque lo voy a matar la próxima vez que no me de señales de vida durante todo el día.
-Perdón amor, no lo voy a volver a hacer…
-Bueno, vamos a comer algo, que es tarde y están cansados.
Cenamos y nos fuimos a dormir o, mejor dicho, se fueron a dormir. Yo, por mi parte, no pude pegar un ojo en toda la noche; apenas conseguía dormirme, tenía pesadillas con todo lo que había pasado, no me lo podía sacar de la cabeza, me estaba torturando.
A la mañana siguiente, David me acompañó a casa y me ayudó a acomodar todo. Las cosas de Josh, que antiguamente estaban en la que iba a ser su habitación, las terminamos pasando a la mía, ya que prefería que estuviera ahí por cualquier problema, además de que no iba a sentirme tan solo en semejante cuarto. Aprovechamos para comprar algunas cosas que todavía no tenía, y Dave también se encargó de hacerles saber a los chicos y a mi familia lo que había pasado, yo no tenía ganas de hablar con nadie, no quería tener que soportar la pena, lástima o el pésame de todas las personas que me rodeaban, y mucho menos quería que me vieran mal.
Los días siguientes fueron un desafío constante en el cual fui aprendiendo a ser padre. No puedo negar que era un tanto complicado, pero lo llevé bastante bien; creo que el simple hecho de ver a Josh sonreír cada vez que lo tenía en brazos, era razón suficiente para dar lo mejor de mí en todo, él era lo que me mantenía en pie, y no me iba a permitir caer.
Me costó bastante acostumbrarme a vivir sin Zoe, fue duro, fue feo, fue incómodo, pero con tiempo lo conseguí. Jamás dejé de amarla como el primer día, incluso cuando conseguí aceptar que ya no la vería, que ya no iba a tener sus abrazos ni nada, la seguía amando, seguía siendo el amor de mi vida, y eso nunca cambió.
Josh creció sano y de la mejor manera posible. Se transformó en un hombrecito, mimado por todos, a veces un tanto sobreprotegido por mí, pero bueno, supongo que después de haber perdido a Zoe, era algo normal. David fue el padrino más consentidor del mundo, como era de esperarse, los chicos lo apañaban en sus travesuras, y con Noah, fueron los mejores amigos que podían existir, parecían más unidos que David y yo, y eso era mucho decir.
Una vez que tuvo edad suficiente para entender las cosas, le conté todo lo que había pasado el día que nació, obviamente, omití algunas cosas, y traté muy superficialmente otras, pero él supo que si bien no podía ver a su mamá, ella lo cuidaba desde arriba y siempre lo iba a hacer, y que cada vez que estuviera triste o le pasara algo, tenía que mirar el cielo y se iba a sentir mejor.

-Sí… supongo que no puedo seguir escapándome de todo.
-Bueno… ¿Me podes mirar al menos? No quiero sentir que hablo con una pared.
Giró la cabeza y clavó su mirada en la mía. Su rostro no demostraba una emoción concreta, pero sus ojos sí, se le notaba una especie de miedo en ellos.
-Con respecto a lo que me dijiste el otro día… - comencé a hablar pero me interrumpió.
-Sí, ya sé… soy un idiota y no tendría que haberte dicho una mierda… -exlamó, bajando la mirada.
-Mierda David… ¿Me podes dejar hablar a mí en vez de intentar predecir todo lo que voy a decir?
-Ok… perdón.
En ese momento un impulso se apoderó de mí. Coloqué mi mano en su cuello, rápidamente lo acerqué a mí, y apoyé mis labios en los suyos, finalmente haciendo lo que tanto tiempo había esperado. David no reaccionaba, lo había tomado completamente por sorpresa, pero después de unos segundos, una de sus manos se ubicó en mi mejilla, y tanto sus labios como los míos, comenzaron a moverse en completa sintonía.
Nos separamos apenas cuando nos quedamos sin aire, pero no nos soltamos por completo. Mi mano seguí en su nuca, mis dedos jugaban enredándose en su pelo, y él aún tenía la suya en mi cara, acariciándome con el suave movimiento del pulgar.
-¿Qué fue eso? – preguntó, un tanto dudoso, intentando esconder la hermosa sonrisa que se le había grabado en la cara.
-¿Necesitas otra muestra para saber qué fue? – intercambiamos una sola mirada y fue suficiente para saber que ambos lo queríamos.
Volví a besarlo una, dos, tres…. Infinita cantidad de veces, por todas aquellas ocasiones en las que había muerto por hacerlo y no había podido. Finalmente había podido hacerlo, y me sentía la persona más feliz del mundo.
-Te amo Pierre – murmuró, una vez que nos volvimos a separar.
-Yo también te amo David…
-Fui un idiota… perdón.
-No me pidas perdón… pero la próxima vez dejame hablar a mí en vez de escaparte e intentar predecir lo que voy a decir.
-Está bien… - respondió, con una pequeña sonrisa.
Me acomodé un poco y le hice señas de que se acercara más a mí; apoyó su cabeza en mi pecho mientras yo lo abrazaba por la espalda, y así nos quedamos un largo rato que se transformó en varias horas.
El sol comenzó a caer, tonos violáceos empezaron a plasmarse en el horizonte, y todo eso se reflejaba en el mar. Ver el atardecer, en Barbados, y abrazado a la persona que más amaba, no tenía precio ni comparación. Era simplemente lo más hermoso que podía existir.
-¿Desde cuándo? – preguntó, rompiendo el silencio que se había apoderado del lugar. El sol que se escondía en el horizonte se reflejaba en sus ojos.
-Unas semanas, unos meses… algunos años… toda la vida. ¿Quién sabe?
-Te pregunto en serio loquito.
-Y yo te lo digo en serio. No sé hace cuánto, sólo sé que te amo más que a cualquier otra persona. No tengo idea de cómo o cuándo pasó, pero me enamoré perdidamente de vos Dave.
-Sos hermoso Bou…
-Vos más – lo besé.
-No, vos más.
Nuestra primera pelea para ver quién de los dos era más hermoso. Ni en mis más locos sueños habría imaginado eso, pero no podía negar que me fascinaba. Estuvimos unos largos cinco minutos así, hasta que decidimos dejarlo en un empate, aunque sabíamos que no iba a durar por mucho tiempo.
-Creo que deberíamos volver a casa… antes de que crean que nos secuestraron – exclamé, haciéndolo reír – mierda, sos tan hermoso cuando te reís.
-Ok… no me acostumbro a que Pierre Bouvier me haga ese tipo de cumplidos.
-Anda acostumbrándote… porque te los voy a hacer todos los días, a toda hora. – le di un beso fugaz y nos pusimos de pie.
El camino de regreso lo transitamos bastante lento, no queríamos llegar jamás; íbamos abrazados, y no me quería separar de él ni un segundo… Lo amaba más que a mi vida.
Cuando estuvimos a unos escasos metros de la casa, David intentó separarse, pero yo lo aferré más a mí. Sabía que lo había hecho para pasar desapercibido, pero a mí no me interesaba en lo más mínimo que los chicos nos vieran; él era la persona que me hacía feliz y no tenía interés alguno en esconderlo.
-Escuchame – dije, segundos antes de abrir la puerta y tomé su cara entre mis manos– te amo.
-Yo también te amo Pie… - nos besamos por última vez y entramos.
Apenas pusimos un pie en la sala, se sintió como si cientos de miradas estuvieran clavadas en nosotros, y eso que sólo había cuatro personas allí.
-Hola chicos… - dije, rompiendo el silencio que se había apoderado del lugar.
-Hola bros… - dijeron Chuck y Seb al unísono.
-Creo que nos perdimos de algo – agregó Jeff y Pat coincidió.
-Emm… David y yo estamos en algo. – la cara de los chicos detonó sorpresa, pero la de Seb en particular era de no creer.
-Felicitaciones – dijeron a coro, como esperando que alguno de los dos empezara a reírse y les dijera que era una broma.
-Gracias.
-Seb… ¿Puedo hablar con vos? – inquirió David que hasta ese momento se había mantenido en silencio.
-S-sí.
Se soltó de mi, y junto con Seb se dirigió a la habitación que compartían, mientras yo me senté en uno de los sillones, ante la expectante mirada de los chicos, como esperando que les dijera algo.
-¿Van a seguir clavándome la mirada? – pregunté, después de un rato.
-Perdón – dijo Chuck – no era nuestra intención. ¿Es verdad lo de David?
-Sí… ¿Por qué jodería con algo así?
-Bueno, no sería la primera vez que lo hicieran Pierre.
-Bue… pero esta vez es en serio. Lo amo, me ama… Tan simple como eso.
-¿Y desde cuándo están?
-Para ser honesto, un par de horas.
-Ah bien…
POV DAVID
-¿Qué mierda fue eso? – preguntó Seb, una vez que entramos a la habitación.
-Pierre siente lo mismo que yo… Me siento un pelotudo, tenías razón.
-Sí, sos un pelotudo… pero me alegro muchísimo por vos Dave. – exclamó y me abrazó, acción que imité.
-Perdón por haberte hablado mal hoy, me había desbordado todo.
-Está bien bro… ya pasó. Ahora lo que importa es que Bouvier te quiere como vos a él. ¿Cómo fue?
-Yo estaba en la playa, vaciando un poco la cabeza, escuchando música…
-Como siempre.
-Sí… y bueno, después de un rato él apareció así de la nada y se me sentó al lado…y me pidió hablar. Y ahí me agarró un ataque de nervios y empecé a decirle que ya sabía que era un pelotudo y que no tendría que haberle dicho nada, y ahí me hizo callar, y bueno… después me besó. Dios, fue… no sé, perfecto.
-¿Sabes hace cuánto que no tenías ese brillito en los ojos y sonreías tanto? – no respondí pero solté una pequeña sonrisa – Hace mucho, bro. Se te nota a kilómetros lo feliz que estás. ¡Viste que Barbados tenía su magia!
-Ja, ja… sí. Tenías razón. Gracias por estar siempre y aguantarme con todo esto Seb…
-Para, para… ya te me pusiste cursi…
-¡Idiota! Nunca más te digo algo tierno.
-Ja, ja… mejor volvamos. No quiero que Bouvier piense que ya lo estás engañando, y encima conmigo.
Salimos de la habitación mientras hablábamos de algunas cosas insignificantes y volvimos a la sala, donde los chicos seguían conversando. Seb se sentó en un extremo del sofá, y yo me ubiqué entre él y Pierre.
-Hey… - exclamó Pat – podríamos salir a algún lado hoy… digo, para festejar que se formó la nueva pareja y de paso, disfrutar la noche en Barbados.
-Me encanta la idea – se unió Pierre, rodeando mis hombros con uno de sus brazos.
-Me sumo – agregó Jeff, seguido por Seb, y no me quedó otra opción que acceder yo también.
-Pat, tengo unos amigos acá cerca… son de confianza, pueden cuidar a Ben, así pueden salir los dos a disfrutar.
-¿Estás seguro?
-Sí… Cualquier cosa, tienen mi número, van a llamarme si necesitan algo, por mínimo que sea.
Intercambió una mirada con su mujer y finalmente accedieron. Pierre hizo un par de llamadas y, unos minutos después, ya tenía todo organizado para que vinieran a cuidar al peque. Nos quedamos un rato más conversando un poco de todo; era inexplicable lo que sentía al estar ahí con Pierre, sin nada que esconder, y que los chicos lo tomaran como algo normal, nada me hacía más feliz.
A eso de las diez, cenamos algo rápido, nos dimos unas buenas duchas y, una vez que Nathan, quien iba a cuidar a Ben, llegó, nos preparamos para salir.
Pierre fue quien se encargó de elegir nuestro destino, ya que era el único medianamente familiarizado con el lugar, y terminamos en un bar no tan concurrido, sin embargo, parecía ser bastante bueno.
Estuvimos un buen rato bailando, haciendo bromas, riendo, tomando. La poca iluminación del lugar, nos hacía pasar desapercibidos, por lo que no tuvimos que preocuparnos mucho por disimular o estar pendientes de quién estaba a nuestro alrededor. Seb estaba en la barra, algo raro en él, y se le notaba que le hacía falta Alex ahí. Jeff desaparecía de a ratos, probablemente haciendo de las suyas; Pat y Marie Eve bailaban, disfrutando una noche como hacía tanto no tenían; Chuck por momentos bailaba, y por momentos se unía a Seb en la barra. Y bueno, Pierre y yo estábamos en nuestro propio mundo, disfrutando de todo lo que estábamos viviendo, sin pensar en nada y en nadie.
-Che… que raro Chuck tan internado en la barra – comenté después de un rato observándolo. – de Seb no me extraña… o sea sí… pero entiendo por qué está así.
-Dejalo Dave… no debe tener ganas de bailar o de encararse alguna mina… o chabón.
-Para… ¿Chuck también…?
-Na, lo dije en joda… Bah, que yo sepa, no.
-¿Anda en algo?
-Sos chusma amor eh…
-Qué lindo es escucharte decirme amor…
-amor, amor, amor, amor amor, amor… - repitió rápidamente, con su mejor cara de travieso – Creo que no… al menos no me dijo nada, pero tiene a alguien que le vuela la cabeza.
-¿Quién es?
-No tengo idea… sólo sé que es alguien en pareja.
-Pobre Chuck… no se merece sufrir por amor.
-La verdad que no. Es el tipo más noble que conozco, y se merece lo mejor.
-Sí…
-Bueno, vamos a bailar señorito. Ya sabremos qué le pasa a nuestro querido Chuckolate.
POV SEB
-¿Qué les anda pasando a ustedes dos que no salen de la barra? – exclamó Pat, abrazándonos a Chuck y a mí a la misma vez.
-Nada bro… Estoy algo cansado – respondí, clavando la mirada en la botella de cerveza que estaba tomando.
-¿Chuck?
-No tengo ganas de bailar, Pat.
-Vamos… No pueden estar tan bajoneados los dos. ¿Acaso van a quedarse acá hasta caer en un coma alcohólico? – nuestro compañero no parecía muy lejos de llegar a eso, ya se había tomado varias botellas de cerveza, y quién sabe qué más había pedido en la barra. – No todos los días van a tener unas mini vacaciones en Barbados eh, aprovéchenlo mientras dure.
-En un rato voy – accedí, para evitar tanta insistencia – si es que no caí dormido antes.
-Lo mismo digo…
-Ok… como digan. Traten de no amargarse. Nos vemos.
-Nos vemos bro.
Pat volvió donde se encontraba Marie-Eve y siguieron en su mundo, mientras Chuck y yo nos quedamos en la barra, ahogando penas, o algo similar, en los tragos.
-Dios, qué mierda que es esto. – exclamó, después de un rato. Se le notaba que había perdido un poco la lucidez.
-Chuck, mejor deja de tomar. Te va a hacer mal.
-Es lo único que puedo hacer para olvidarme de todo Seb… No quiero pensar en nada, quiero emborracharme hasta quedar inconsciente de tanta ingesta.
-¡Mierda Charles! ¿Vos sos consciente de la pelotudez que acabas de decir?
-Supongo… - levantó la mirada y se dirigió al barman mientras abría, por vigésima vez, su billetera– otra cerveza por favor.
-No, basta. – lo detuve – Vas a dejar de tomar ya. No voy a dejar que te sigas arruinando el día, asique, te guste o no, vamos a bailar.
Sus reflejos no eran los mejores, por lo que no tuvo tiempo para responder o siquiera para reaccionar; lo tomé del brazo y prácticamente lo arrastré hasta la pista de baile. Yo estaba acostumbrado a tomar cuando me sentía mal, sabía controlarme, sabía qué bebidas tomar y cuáles no, pero Chuck parecía dispuesto a embriagarse a cualquier precio, nada parecía importarle, y yo no iba a ser testigo de cómo lo hacía, al contrario, iba a hacer todo lo posible para qe dejara de hacerlo.
-Ahora… ¿Qué mierda te tiene tan mal? Nunca en tu vida te internaste en una barra y te tomaste la vida. Excepto…
-¿Excepto qué?
-Excepto cada vez que te rompieron el corazón.
-Gracias por recordármelo Seb… - respondió, un tanto molesto.
-Claro, ahora es mi culpa que te hayan lastimado… No te la agarres conmigo.
-En parte, sí.
-Wait… ¿Por qué? ¡Yo no te hice nada!

Corté la llamada y seguí el pequeño viaje, aunque tuve que desviarme un poco para ir a la casa de Seb. Unos diez minutos después, ya estaba ahí. Tardé un poco en bajar del auto, en mi cabeza no dejaba de dar vueltas todo lo que había pasado hacía solo instantes.
Realmente había tenido las agallas para decirle a Pierre todo lo que sentía, pero no había podido esperar una respuesta, estaba completamente aterrado de sólo pensar o imaginar sus posibles reacciones.
Largué un último suspiro, salí del auto, y me dirigí a la puerta; golpeé y esperé que Seb abriera, cosa que ocurrió en cuestión de segundos.
-Hola bro – saludé al ver a Seb, con una expresión indefinida en mi cara.
-Hola Dave… ¿Cómo estás?
-Pregunta difícil en este momento.
-Pasa y hablamos.
Hice lo que me dijo, y ambos nos sentamos en la sala. Me resultaba raro que Alex no estuviera ahí, y definitivamente me sentía un estorbo que lo único que hacía era molestar.
-Ahora sí… ¿Cómo estás?
-La verdad que no sé. Por un lado, aliviado por finalmente haberle dicho todo, siento que me saqué un peso de encima, pero por otro, me aterra la reacción que pueda llegar a tener.
-¿Pero no te dijo nada de nada?
-Nada… cuando intentó hablarme, lo interrumpí y seguí en mi patético monólogo… y cuando terminé de hablar, me fui.
-¿Puso cara de sorpresa al menos?
-Supongo… no pude ni mirarlo casi.
-Quiero creer que no vas a suspender el viaje…
-N-no….
-Genial… ¿Quién sabe? Capaz que Barbados tiene su magia y pasa algo… - me regaló una mirada un tanto perversa, y ambos reímos.
-Ja, ja… ojalá. – respondí,
-Amor… ¿No sabes dónde…? – exclamó Alex, ingresando a la sala, pero se detuvo al verme – Ah… Hola Dave… ¿Cómo estás?
-Hola Alex… Bien… ¿Vos?
-Bien, bien… por suerte.
-¿Qué ibas a preguntarme gordo?
-Ah, sí… si tenes idea de dónde mierda dejé mi celular.
-Son tan lindos juntos. – comenté, haciendo que Seb se ruborizara un poco. – En serio, son perfectos.
-Dave… creo que ese fue el comentario más gay que jamás hayas dicho… pero, gracias.
-Ja, ja… idiota.
-Emm… creo que en la pieza…
-Anda a ayudarlo a buscarlo… ¡Puto!
-Ok, ok… no me pegues. – exclamó y se dirigió a las escaleras, seguido por Alex.
La verdad que hacían una pareja hermosa, y estaba feliz por ellos. Seb era mi hermano, y verlo tan feliz y bien, era genial. Bueno, a Alex le había agarrado un gran cariño también, y a ambos se les notaba que estaban sumamente enamorados.
Unos cinco minutos después, Seb volvió a la sala, y seguimos hablando un rato. No había persona como él para hablar de absolutamente todo y sincerarme al cien por ciento.
-Te soy sincero… Me gustaría tener una relación como la que vos tenes con Alex. – dije, dejando volar un poco mi imaginación.
-No creo que te guste mucho estar de novio con un obsesionado con los superhéroes.
-Ja, ja… vos entendiste a lo que me refiero.
-Sí… te estoy jodiendo nomás. Bueno, ¿Qué vas a hacer con Pierre?
-No tengo idea…
-En la semana podrás ignorarlo, pero si seguís dispuesto a ir a las mini vacaciones, el viernes lo vas a tener que ver y afrontar todo.
-Bueno, supongo que tres días me van a servir para pensar qué mierda voy a hacer.
-Tranquilizate un poco bro… te va a hacer mal que te maquines tanto.
-No puedo Seb… le confesé que lo amo y ahora no tengo los huevos para afrontarlo.
-Todo va a salir bien… tenes mi palabra.
-Vos no lo sabes a eso.
-¡Pero confío en que así va a ser!
-Ok… si vos lo decís.
-Dale… pensa en positivo. Si te pones en negativo, las cosas van a ir mal.
-Sí, tenes razón.
Nos quedamos hablando un rato, hasta que decidí volver a casa. No quería hacerle perder más tiempo con Alex a Seb, y la charla me había tranquilizado bastante.
Los días siguientes me la pasé en mi casa, dándole vueltas y vueltas al asunto, intentando decidir qué mierda hacer. El jueves por la tarde, Seb me avisó que al día siguiente teníamos que estar a las siete de la mañana en el aeropuerto, y que los chicos ya habían organizado todo el tema de los pasajes, pasaportes, etc.
Me dispuse a armar una valija; eran pocos días sin embargo iba lleno de cosas, como de costumbre. Me había acostumbrado a llevar prácticamente la mitad de mi casa en una simple valija, y ni siquiera yo sabía como lo hacía. Una vez que armé todo, los nervios volvieron a apoderarse de mí. Me quedaba menos de un día hasta que tuviera que afrontar a Pierre.
-Basta David. Mañana le vas a hacer frente, y que sea lo que dios quiera. Ok, ¿A quién mierda quiero engañar? No voy a conseguir tranquilizarme.
Intenté mantenerme ocupado la mayor parte del tiempo para evitar pensar en todo, hasta que pasaron las horas, y fue hora de irme a dormir.
POV PIERRE
Estaba a horas de partir hacia Barbados. Por mi mente no dejaba de vagar todo lo que había pasado con David. Los últimos días había estado así. Había tenido una pequeña oportunidad de decirle lo que me pasaba, pero él no me había dejado hablar, me había dicho lo que sentía e inmediatamente se escapó. No atendía mis llamadas, sabía que no me iba a abrir si me aparecía en su casa, y tampoco quería presionarlo.
Entre tantas cosas dando vueltas en mi cabeza, finalmente me quedé dormido. Me esperaba un día bastante largo y tenía que aprovechar para descansar, aunque eso es lo menos que hice, ni siquiera mis sueños me dejaban tranquilo.
La mañana siguiente me desperté con el sonido de la alarma. Me levanté y lo primero que hice fue ir al baño para darme una ducha; al verme en el espejo, por poco no me pareció ver un zombie, había dormido pésimamente mal, y ese aspecto no mejoró mucho después del baño, sólo conseguí despertarme un poco.
Me cambié, desayuné, y, al ver la hora, tomé mi valija, junto con los lentes de sol y salí camino al aeropuerto. Allí me iba a encontrar con el resto de los chicos. El pequeño viaje pareció más corto de lo normal y, cuando llegué, no tardé mucho en localizar a Jeff y Chuck.
-Hola chicos – saludé, con un tono extremadamente monótono.
-¿Tuviste una mala noche? – preguntó Jeff, riendo.
-Algo así – respondí. Me quité los lentes un momento, dejando ver mis notorias ojeras, y los dos hicieron una mueca de impresión – idiotas.
-Ja, ja… Perdón bro, pero das pena – agregó Chuck.
-Como digan… ¿Seb, David, Pat? ¿Alguna noticia de su existencia?
-Pat y Marie-Eve están en camino. Y Seb, por lo que sé, pasaba a buscar a David y venían.
-Ok… conociéndolos a esos dos, llegan pasado mañana.
Nos quedamos conversando un rato. Unos diez minutos después, llegó Pat con Marie Eve y Ben. Ese bebé estaba cada día más hermoso, y crecía por segundo. Estuvimos varios minutos más hablando, mientras intentábamos mantener a Ben despierto para que durmiera en el vuelo, hasta que aparecieron los dos que faltaban.
-Hola chicos… - saludó Seb y se embobó completamente al ver a su ahijado.
David, por su parte, hizo un saludo general, sin siquiera quitarse los lentes de sol, sus fieles compañeros, y se sentó entre Chuck y Seb. Los minutos parecían eternos, hasta que, finalmente, nos llamaron para abordar.
El viaje la pasamos cada uno en su mundo. Yo conversaba con Chuck y Jeff; Seb jugaba con su nintendo portátil, David dormía, y Pat conversaba con su mujer, mientras el peque dormía. Las horas pasaron bastante rápido, a diferencia de cuando estábamos en el aeropuerto y, cuando volvimos un poco a la realidad entre tantas charlas, ya estábamos llegando a Barbados.
Llegamos a nuestro destino pasado el mediodía. David había dormido todo el viaje o, al menos, había simulado hacerlo, por lo que no había tenido oportunidad de hablar con él.
Nos dirigimos directamente a mi casa de verano y, una vez allí, organizamos todo.
-Ok… arriba hay una habitación con cama matrimonial. Esa se las dejo a ustedes – dije, dirigiéndome a Pat y Marie Eve – y otra con dos camas individuales. Abajo hay otra, también con dos camas, y acá en el living hay un sofá-cama.
-Da igual como nos organicemos bro – exclamó Chuck – al fin y al cabo, es para dormir nada más. Cuando te acostumbras a dormir en un bus, lo que menos sos es exquisito.
-Chuck tiene razón… - concordó Seb – solamente nos tenes que decir donde mierda podemos dejar las valijas para no hacer mucho despelote, y después podemos dormir hasta en el piso.
-Ok, ok… después no se anden peleando por quien duerme dónde.
-Fue… Seb y yo nos instalamos en la pieza de abajo… No quiero subir escaleras estando en pedo o algo… ya veo que termino internado. – respondió David, tomando su valija, y Seb lo imitó.
-Ja, ja… ok. Pasillo, única puerta a la izquierda.
POV SEB
-No es por nada… pero Pierre no deja de mirarte – dije, mientras colocaba mi valija sobre la cama y me recostaba.
-Mejor cállate Seb…
-Vamos Dave… ¿No pensas afrontarlo? Demasiado que te hiciste el pelotudo en el viaje… porque te conozco, y sé que no estabas dormido.
-Odio que me conozcas tanto a veces.
-Ahora lo podrás esquivar un rato… pero Pierre no se va a quedar callado. Demasiado que no se te apareció en tu casa en estos últimos días.
-Sí, ya lo sé.
-Él tiene derecho a hablar también… No podes pretender que se calle eternamente.
-YA LO SÉ. – exclamó, nervioso.
-Bueno, no te la agarres conmigo, te estoy dando un consejo nada más.
-Ok, como digas. – dejó todo en la cama como estaba, tomó su Ipod y salió.
-Genial… lo que me faltaba – exclamé – que ahora se enoje conmigo.
Me levanté, agarré mi celular, mi ipod, y me dirigí afuera. Iba a despejarme un rato.
-Chuck… ¿Lo viste salir a David? – pregunté, al verlo en la puerta.
-Sí, salió un tanto alterado para aquel lado… - extendió su brazo hacia la derecha - ¿Pasó algo?
-No… anda atacadito, nada más… ya se le va a pasar. Gracias bro. – dije y salí en dirección contraria hacia donde lo había hecho Dave.
En el camino, tomé mi celular y marqué el número de Alex. Hacía horas que no sabía nada de él, y lo extrañaba horrores.
-¿Seb?
-Así es… ¿Cómo estás amor?
-Bien… aunque te extraño mucho. ¿Vos? ¿Cómo la estás pasando?
-Yo también te extraño… Bien, llegamos hace un rato y recién salí a caminar un poco por la playa… Sería hermoso que estuvieras acá.
-No me hagas desear estar ahí, no seas malo. A diferencia tuya yo estoy preparándome para el lanzamiento del disco, mientras vos te rascas en una playa de Barbados.
-Ja, ja… ya vamos a tomarnos unas vacaciones juntos… ¿Queres?
-Me preguntas eso como si fuera capaz de decirte “no, no quiero”. Obvio que quiero, bobito.
-Bueno, entonces es una promesa. Tus próximas vacaciones van a ser conmigo y nos vamos a ir a donde vos quieras.
-Al infinito y más allá. – exclamó con voz de nene chiquito.
-Eso siempre…
-Ves que sos el más tierno… te amo Sebby Dooby…
-Yo también payasito…
-Bueno, te tengo que dejar amor… porque Rian me está reclamando.
-Ufa… bueno, está bien.
-Menos mal que no te puedo ver, porque sé que empezarías a hacerme pucherito y me matas con eso…
-Es mi mayor arma de convencimiento… sé que nunca falla.
-Ja, ja… ya vas a ver vos Lefebvre… después hablamos, te amo…
-Yo más… un beso grande gordo.
Corté la llamada con Alex y me quedé sentado en la arena, observando el mar, el horizonte. Era algo que me transmitía muchísima paz y me hacía olvidar de todo lo que pasaba a mi alrededor.
POV PIERRE
Los chicos ya se habían instalado en sus respectivos lugares; yo, por mi parte, había dejado la valija en la sala, y por la noche iba a desarmar el sofá. No quería que ocupara espacio de gusto durante el día, si no lo iba a usar. Me acerqué a la puerta y lo vi a Chuck, sacando algunas fotos al paisaje. Pat y Marie Eve, por su parte, estaban en la orilla del mar, con Ben.
-Bro… ¿Viste a los chicos?
-Jeff creo que estaba hablando por teléfono con las nenas… David y Seb salieron a caminar.
-¿Juntos?
-Ni que estuvieran casados Pierre… no, cada uno por su lado. David parecía un tanto alterado, y Seb me dijo que andaba atacadito.
-¿Se pelearon? – pregunté sorprendido. Que David y Sébastien se pelearan, era algo por demás extraño.
-¿Tengo cara de adivino? No sé boludo… Sólo sé que Seb me preguntó para dónde había salido David, y cuando le dije que se fue para allá, él se fue para el lado contrario.
-Eso es raro… Ok, gracias bro. Me voy a dar una vuelta yo también. Nos vemos en un rato.
Comencé a caminar en la dirección que, según Chuck, había salido David. La playa era extremadamente extensa, por lo que podía estar por cualquier lado, sin embargo, confiaba en que lo iba a encontrar. Efectivamente, después de unos quince minutos caminando sin un destino, lo vi a lo lejos, sentado en la arena, con los brazos extendidos, apoyados en las rodillas.
Me acerqué sigilosamente; cuando estuve más cerca noté que tenía los auriculares puestos, por lo que no iba a notar mi presencia hasta tenerme al lado. Una vez que estuve a su lado, me senté en la arena junto a él, tomándolo por sopresa y haciendo que se sobresaltara.
-¿Te molesta si te hago compañía? – pregunté, cuando se sacó los auriculares.
-N-no… - titubeó, al verme, y volvió a fijar su mirada en el horizonte.
-¿Podemos hablar?

-Tranquilizate enano… no te vas a morir por perder media hora de tu tiempo acá eh… y, en todo caso, decile al rubio teñido ese que no joda.
-Si yo estoy acá… ¿Cómo lo voy a joder? – exclamó David.
-Ja, ja… háganse los boludos ustedes dos… No sos el único rubio teñido del mundo Dave.
-No sé, no sé…
-Bueno… ¿Pasamos a lo importante? – interrumpió Chuck.
-Sí, tenes razón bro… perdón. En fin, los hicimos venir – fijé la mirada en Seb, serio, en modo de broma – para contarles una idea que tuvimos.
-Somos todo oídos… - exclamó Jeff – aunque no entiendo para qué nos hicieron venir en vez de llamarnos o algo.
-Así hablábamos todos juntos… no tenía ganas de llamarlos a todos uno por uno. La cosa es que, con Chuck, se nos ocurrió tomarnos un fin de semana, antes de volver a las giras, para irnos de unas mini vacaciones.
-Ustedes dos están locos… - comentó Pat.
-Vamos chicos… son dos, tres días, nada más… después volvemos a lo de siempre. Personalmente me hace falta un cambio de aire.
-Yo me sumo – fue David quien habló, provocándome una gran alegría que intenté mantener en mi interior – al fin y al cabo, tenemos que aprovechar los últimos días libres.
-Genial. ¿Seb, Pat, Jeff?
-Yo tengo que hablar con France por las chicas, pero sí, si no tengo ningún problema con ella, también me sumo.
-Pierre… ¿Vos sos consciente de que tengo un hijo de dos meses?
-¡¿Y qué mejor que Ben conozca la playa?
-Te repito, tiene dos meses… No lo va a disfrutar, y yo no me puedo ir un fin de semana como si nada.
-Hablalo con Marie-Eve, no les vendría mal… y nosotros los ayudamos con Ben, se merecen un descanso.
-Ok, ya que sacarte la idea de la cabeza es imposible, lo hablo con ella y les digo…
-Genial. Seb, sos el único que queda… ¿Te sumas o no?
-Eh…. Sí, ¿Por qué no?…
-Buenísimo… Ahora, ¿Destino?
-¿Hawaii?
-Dave, hay mundo aparte de Hawaii eh… y creo que hace casi diez años que estamos recorriéndolo – exclamó Chuck. Si fuera por David, viviría en Hawaii, sin pensarlo dos veces.
-Ok, ok… No dije nada…
-¿Barbados? – propuse; al fin y al cabo, tenía una casa ahí.
-No estaría mal… - comentaron Seb y Pat.
-Barbados será entonces – esta vez fue Jeff quien habló.
-Ok… ¿Cuándo saldríamos? – Seb era el que se veía menos interesado en todo.
-El viernes a la tarde, o a la noche… eso tenemos que arreglarlo todavía. Hay que ver qué horarios hay disponibles en los vuelos.
-Ok… ¿Hasta el domingo?
-Sí… Enano ¿Pasa algo?
-No… nada…
-Pareciera que no tenes el mínimo interés en ir…
-Nada que ver… sólo que tengo otras cosas en la cabeza… - me dio una mirada un tanto disimulada para que entendiera qué pasaba.
-Ok, ok… entendí. – eran los últimos días libres de Alex también, y quería pasarlos con él.
-Algo me dice que hay algo de lo que me estoy perdiendo – dijo Pat, después de unos segundos de incómodo silencio que parecieron siglos.- Hey, Seb… ¿Qué tanto de verdad tienen esos rumores de que andas c…?
Seb lo interrumpió soltando un profundo suspiro para luego decir algo, no sin antes cruzar una mirada con David, quien asintió.
-Mucho. Estoy saliendo con Alex… - bajó la mirada. Se le notaba en la cara que todavía tenía el miedo de que alguien no lo aceptara.
-Nada lindo enterarse por la prensa Lefebvre… - bromeó David, haciéndolo reír. Era más que obvio que él sí sabía.
-Felicitaciones bro… - exclamó Chuck y le dio un pequeño abrazo, cosa que luego también hizo Patrick.
-Gracias chicos… y gracias por, ya saben, aceptarlo.
-Seb… ¿Realmente nos creías capaces de no aceptarlo?
-No sé… es que es algo “nuevo”… - hizo las comillas con los dedos - quizás todavía hasta a mí me resulta un poco raro…
-A ver Lefebvre… ¿Vos te aceptas? – me miró con su mejor cara de ¿WTF?
-Creo que si no me auto-aceptara, no estaría saliendo con Alex.
-Buen punto… bueno ¿Sos feliz con Alex?
-Muy…
-Genial… la cosa es que, si vos te aceptas, y sos feliz con eso, nosotros no somos quienes para decirte algo o no aceptarlo. Además, sos nuestro hermano, Seb. Jamás podríamos no aceptarte, elijas lo que elijas. Además es que salís con un hombre, ¡Tampoco es que te convertiste en asesino serial che!
-Ja, ja… sí.
-Viste como te cambió la cara y el humor… ¿Ahora te copas con la idea del viaje?
-sí señor.
-Te diría que invites al otro trolo, pero ya tienen que prepararse para arrancar con la presentación del disco según me dijo Jack.
-Sí… ya se les acaban las vacaciones.
-Bueno… hacemos así, hablo con Jack y le digo que si Alex se pone muy denso, lo mande de una patada en el traste a Barbados… y viceversa.
-Ja, ja… siempre tan cariñoso Bouvier. No te preocupes, vamos a sobrevivir – bromeó.
-De última me tenes a mí Seb – comentó David, y los seis reímos.
-Ok, si van a hacer algo, esperen a salir… no quiero ser testigo de ninguna infidelidad. Por cierto, Seb tenes que llevarte las cosas del crew para ponerte al día, cuando tengas tiempo.
-Ok, ok… ahora me las llevo.
-Genial… Bueno, eso era todo… No es que los quiera echar, pero ya se pueden ir. Chuck y yo tenemos que volver a trabajar.
-Ja, ja… ok bro – exclamó Jeff – nos vemos después. Cualquier cosa, llamen o algo.
-Sí, sí… Después arreglo lo de los vuelos y todo y les aviso. Pat, vos avísame qué arreglas con Marie Eve al final…
-Sí Pierre.
-Bueno, nos vamos…
Me alegraba por Seb que finalmente hubiera dicho que estaba con Alex, se había sacado un importante peso de encima, se le notaba en la cara, además era mucho mejor que no hubiese secretos entre nosotros, y así evitar tener que enterarnos de las cosas por terceros, o peor, por la prensa.
Los cuatro se estaban dirigiendo a la puerta, cuando una discusión conmigo mismo tuvo lugar en mi interior, e involuntariamente llamé a David.
-¡Dave! – exclamé, acercándome a ellos y logrando que se diera vuelta - ¿Puedo hablar con vos dos minutos?
-Eh… s-sí. – respondió, un tanto desconcertado.
-Genial.
Se acercó a mí y los dos nos dirigimos a la oficina. Simplemente rogaba que Chuck se mantuviera ocupado con algo fuera de la oficina, quería tener al menos cinco minutos de privacidad para hablar con David.
-¿De-de qué querías hablar? – preguntó, sin entender.
-¿Qué te anda pasando últimamente conmigo? Te noto nervioso o incómodo cuando estamos a solas. ¿Hice algo que te molestó o algo?
-N-no Pierre… no me pasa nada.
-Dave… te conozco. Algo te pasa.
-No es nada, en serio.
-David, por más que intentes ocultármelo, no lo vas a conseguir. ¿Qué es lo que te pasa?
-¡Nada, Pierre! – exclamó, levantando un poco la voz. Sabía que cuanto más le insistiera, más se iba a molestar, pero también iba a conseguir que me terminara diciendo la verdad.
-Sigo sin creerte. – me acerqué a la puerta y apoyé mi espalda en ella – y no te vas a ir de acá hasta que me digas qué te pasa, porque realmente me preocupa.
-Bouvier ¿Realmente tenes que actuar como un nene caprichoso de cinco años?
-Habla el que se encaprichó con no querer decirme que le pasa.
-¡PORQUE NO ME PASA NADA!
-No-te-creo.
-¿Y qué mierda queres que hagas? No es problema mío si me crees o no, yo ya te dije, no me pasa nada.
-Si no te pasara nada, no reaccionarías así. ¡Mierda, David! ¡Te conozco!
-Basta Pierre… cree lo que quieras, pero a mí no me pasa nada. Ahora, dejame salir, tengo cosas que hacer.
-Dave… por favor te lo pido… ¿Podemos actuar como dos personas maduras? ¡¿Desde cuándo hay secretos entre nosotros?!
-No hay secretos entre nosotros… no me pasa nada ¿Tan difícil es de entender?
-David, por favor… decime qué mierda te pasa. Me preocupo por vos, porque sé que te pasa algo, se te nota en la cara, en el ánimo, en todo… Creeme que iría a hablar con Seb, pero sé que preferiría morirse antes que decirme algo de vos que vos no quieras que se sepa, asique no compliques más las cosas, decime que es lo que te tiene así.
Cerró los ojos, movió la cabeza de un lado a otro, negando solo él sabía qué, y apoyó ambas manos en el escritorio, a la vez que bajaba la vista. Se quedó en silencio unos segundos, que parecieron siglos, hasta que volvió a levantar la mirada.
-¿Realmente queres saber qué me pasa?
-Por algo estoy insistiendo tanto…
-Bueno… - soltó un largo suspiro y cerró los ojos mientras se mordía el labio inferior. – me pasa que te amo Pierre. Me pasa que ya no puedo contener mis sentimientos, y mucho menos negarlos. Me pasa que te veo y me dan ganas de gritar a los cuatro vientos lo que sos para mí… Me pasa que no soporto verte como si nada, pero tampoco soporto NO verte… Me pasa que no te das una idea de lo mierda que me sentí cuando me enteré que ibas a tener un hijo con Lachelle… Me pasa que mi estado de ánimo puede cambiar catastróficamente para bien o para mal con solo verte… ¡Eso me pasa!
-D-dave – no me dejó decir nada, volvió a respirar profundamente, y siguió.
-Me pasa que me siento un idiota, que me atormenta cada puto día el hecho de que me siento un infeliz de mierda… me pasa que ya demasiados quilombos tenes con… con ella, y yo te sigo sumando cosas… ¡Me pasa que soy un estúpido que se la pasa soñando con su cuentito de final feliz, cuando en realidad las probabilidades de que sea real son de una en diez mil millones!
-Para Dave… - murmuré y me acerqué a él.
-No… listo Pierre, querías saber lo que me pasaba, ahora lo sabes. Me tengo que ir.
Me esquivó por completo y salió de la oficina antes de que yo pudiera siquiera asimilar lo que había pasado. Ni siquiera había podido reaccionar, me había quedado completamente anonadado con lo que había escuchado.
-David… me… ama – murmuré.
-Hey Pierre… ¿Qué pasó? Vi a David salir un poco emm… histérico, por decirlo de alguna manera. Pierre… ¡PIERRE!
-¿Eh? ¿Qué pasa? – Chuck sabía cómo hacerme volver a la realidad en cuestión de milésimas de segundo.
-Que acabo de ver a David salir un tanto histérico, lo llamé y no me dio pelota. ¿Qué pasó?
-Eh… nada… tiene un par de cosas dándole vueltas en la cabeza que lo están torturando un poco… Se maquina mucho.
-Ahh… ¿Es algo grave?
-Nah… boludeces.
-Joya… Bueno, sigamos trabajando mejor, que nos queda poco.
-Sí, dale.
POV DAVID
-Mierda, Seb… atendeme pelotudo. – estaba entrando en un estado de desesperación bastante importante, y que Seb no atendiera mi llamada, me desesperaba más.
-¿Dave? – preguntó, después de unos cinco minutos.
-No, tu abuela.
-¿Qué pasa?
-Pierre.
-¿Qué pasó con Pierre? Para…. ¿De qué quería hablar Pierre en la oficina?
-Quería saber qué mierda me pasaba porque se dio cuenta que me pongo incómodo al estar a solas con él…
-¿Y qué le dijiste?
-Le dije todo Seb… Le dije que lo amo.
-¡¿En serio?! ¿Y qué pasó? ¿Qué te dijo?
-Le dije todo y me agarró un ataque de desesperación, no lo dejé hablar y me fui a la mierda.
-Vos sos un pelotudo.
-Es que… si le hubieras visto la cara, Seb… No entendía un carajo, no reaccionaba, creo que quedó medio traumado, no sé… pero sí sé que no siente lo mismo, se le nota.
-Mierda… ¿Dónde estás ahora?
-Yendo a casa… intentando no tirarme de algún puente.
-¡DAVID PHILIPPE DESROSIERS!
-Odio que me llames así.
-Es tu nombre.
-Igual lo odio… la única con derecho a llamarme así es mi mamá.
-Como sea… ¿Queres venir a casa? Así hablamos un rato.
-¿Estás con Alex?
-Sí…
-Entonces voy otro día, o hablamos después… no los quiero joder.
-Vos vas a venir ahora, ¿Me entendiste? Vos estuviste, estás y siempre vas a estar antes que cualquier otra persona en mi vida, asique dejate de joder y vení.
-Ok, ok… gracias bro.
-No agradezcas… ahora corta la llamada y prestá atención al tránsito. No quiero que provoques ningún accidente. Te veo en un rato.
-Dale… chau Seb.

-¿Cómo hicieron para que se durmieran? – preguntó, al verlas.
-Jugamos mucho… muchísimo en realidad. – comentó Al, mientras nos dirigíamos a la habitación para acostarlas.
-Alex, te voy a llamar de niñero más seguido…
-Ja, ja… cuando quieras.
-¿Quieren tomar algo?
-Bueno… - respondimos a la vez, y Jeff se dirigió a la cocina.
Al cabo de unos minutos, volvió con una taza de café para cada uno. Nos sentamos en el sofá y nos quedamos conversando un rato.
-Así que están saliendo…
-Sí…
-La verdad que no me lo hubiera imaginado de vos enano… pero, felicitaciones.
-Gracias bro…
-¿Los chicos saben?
-David y Pierre sí…
-¿Chuck no?
-No… no hablé con él. En sí, David sabe porque con Jack se transformaron en Cupido, y técnicamente si estamos juntos hoy en día es por ellos… y Pierre, de chusma que es, lo descubrió, y se me apareció en casa, y bueno.
-Cuando no Bouvier. ¿David y Jack de Cupido?
-Sí… créase o no, si no fuera por ellos dos, no estaríamos juntos.
-Eso sí que jamás lo habría imaginado.
-Quedate tranquilo que no sos el único.
-Ja, ja… es raro, pero bueno, al fin y al cabo vos y Dave son inseparables, así que no me sorprende mucho tampoco.
Nos quedamos un buen rato más conversando, hasta que decidimos volver a casa. Ya era tarde y había sido un día demasiado largo, aunque extremadamente hermoso. Al llegar a casa, nos dimos una ducha rápida, comimos algo y nos acostamos, estábamos completamente agotados.
POV PIERRE
El fin de semana no había hecho más que cuestionarme diferentes aspectos de mi vida. Se podía decir que tenía razones suficientes para ser feliz, pero sentía que algo estaba fallando. Estaba haciendo de mi vida lo que más amaba, de eso no había ninguna duda; la banda era mi vida entera, y estaba con las personas más importantes de mi vida, después de mi familia, obvio.
Sin embargo, tenía un vacío que no se llenaba con nada. Había terminado mi relación con Lachelle, infidelidad de por medio, y me había dolido mucho; sin embargo, ya hacía bastante tiempo que sentía que la relación se estaba desgastando, que ya no la amaba como antes…
Como resultado, si se podía llamar así, de lo que tuvimos, ella había quedado embarazada. Obviamente iba a ser parte de la vida de mi hija, por más que con su madre apenas cruzara un saludo.
Creo que el haber estado tantos años en pareja me creó una especie de dependencia ó, mínimamente, me había acostumbrado a estar con alguien. Lógicamente, el miedo presente en toda relación, que el amor se transforme en costumbre, y creo que eso era lo que me había pasado. Extrañaba esa sensación de enamorarme de la misma persona cada día que pasaba, sin dejarle lugar a la costumbre y a la monotonía… y también extrañaba ser correspondido.
-Basta Bouvier… Deja de darle vueltas al asunto… no tiene sentido.- Domingo por la noche y yo no dejaba de dar vueltas en la cama, mirando el techo como si fuera a encontrar respuestas en él.
Entre tantos cuestionamientos, uno de los que más daba vueltas por mi cabeza era David. Hacía unos días, en la oficina, lo había notado bastante raro, creo que hasta nervioso de hablar conmigo, y no entendía por qué. Hacía más de una década que nos conocíamos, sabíamos prácticamente todo uno del otro, tal como pasaba con Chuck, Jeff y Seb también; jamás habíamos tenido ningún secreto entre nosotros, hablábamos absolutamente de todo.
Uniendo cabos sueltos, me di cuenta que esa no había sido la primera vez que David se veía nervioso de hablar conmigo a solas, pero las veces anteriores no le había prestado atención, lo había pasado por alto, creyendo que solo era producto de mi imaginación, o que estaba así por alguna otra razón.
-¿Por qué mierda estaría así? O sea… ¿Desde cuándo? Dios, Bouvier, no veas fantasmas donde no los hay porque te va a ir mal. ¿Qué chances hay de que le pase lo mismo que a vos eh? Bueno… ¿Quién sabe? Al fin y al cabo, David ya estuvo con hombres. Mierda Pierre, estás hasta las manos.
Y era verdad… no sabía cómo, cuándo, ni por qué, pero me había enamorado de David. No sé, era la persona más dulce y hermosa que conocía, lo veía perfecto con todos sus defectos y virtudes. Amaba pasar tiempo con él aunque fuera sólo como amigos, me cambiaba el día con una sola sonrisa que me regalara. Y sí, me ponía completamente cursi.
Y pensar que cuando éramos pendejos había existido algo entre nosotros, fue ahí cuando apareció todo el tema de “Hott Baguettes”, pero había parecido ser un noventa y cinco por ciento joda, aunque ahora me surgían algunas dudas de si realmente ese porcentaje era real. Por no haberle prestado atención a eso, había perdido la chance de estar con él. Si las cosas hubiesen sido diferentes, quizás hoy estaríamos juntos, ¿Quién sabe?
-Mierda… basta Pierre, mejor dormite…
Efectivamente, después de un rato más luchando con mi mente, el cansancio fue más fuerte y me quedé dormido. A la mañana siguiente me levanté al escuchar el despertador, me había olvidado por completo que tenía que ir a la oficina.
-Volve a la tierra Pierre Charles Bouvier… - me dije a mí mismo mientras comenzaba a cambiarme.
Bajé a la cocina, desayuné algo rápido, me di una ducha para terminar de despertarme, y me dispuse a preparar unas últimas cosas antes de irme. Una vez listo, tomé unas carpetas que tenía en el estudio, y salí camino a la oficina.
Al llegar, me encontré con Chuck, tapado de trabajo, y eso que la semana, así como también el día, recién empezaban.
-Buenos días…
-Buenas.
-¿Todo bien? – pregunté mientras me ubicaba en mi escritorio, a unos pocos metros del suyo. Cada uno tenía su oficina, pero estaban divididas por una pared corrediza, que la mayor parte del tiempo prácticamente no se usaba.
-Sí… ¿Vos? ¿Tus cosas bien?
-Sí, por ahora… ¿Hay mucho trabajo hoy?
-No tanto… pero quiero adelantar algunas cosas para sacármelas de encima. Por cierto, hay que llamar a Seb para que se ponga las pilas con las fotos para el Crew…
-Ok… Después lo llamo. No quiero bancarme su mal humor matutino.
-Ja, ja… no te preocupes, ahora lo llamo.
-Llamalo más tarde… no le cagues el momento con Alex.
-¿Con Alex? ¿Alex Gaskarth?
-Genial… acabo de meter la pata hasta lo más profundo. Sí, con Alex. Están saliendo. ¿No sabías?
-No… bueno, me alegro por el enano.
-Creo que no se lo dijo a nadie… bah, a su familia sí, pero los chicos no sé si saben. Dave debe saber seguro, viste como son. Igual fue muy obvio, le dedicó un tema en el último show que hizo.
-No intentes dibujarla Pierre… no me voy a morir porque Seb no me haya contado que sale con Alex… si siempre fue así, por poco no hay que sacarle información a la fuerza como si fuera un interrogatorio del FBI. Es reservado con sus cosas, es normal… Bueno, después llamalo entonces… voy a seguir con esto así no me atraso. – estaba demasiado metido en el trabajo, o eso parecía, pero se lo notaba un tanto ido.
-Ok bro.
Me puse a revisar algunas carpetas para organizar algunos asuntos pendientes. Con Chuck no cruzamos siquiera una palabra durante varios minutos, raro en nosotros, y eso me extrañaba un poco.
-Chuck… - dije después de unos minutos - ¿Estás bien?
-¿Hay alguna razón por la que no debería estarlo?
-No sé… estás raro.
-Bou… estás viendo fantasmas donde no los hay… estoy bien… sólo que estoy metido en esto.
-Ok… perdón.
-No pidas perdón bro… está todo bien.
Volvimos cada uno a su trabajo, intercambiando breves conversaciones de a ratos. Realmente notaba un poco raro a Chuck, aunque de a poco esa sensación iba disminuyendo, pero opté por no pensar en eso, ya que probablemente él tuviera razón y estuviera viendo cosas que no eran.
A la hora del almuerzo decidimos ir a un bar situado a unas pocas cuadras de la oficina, para despejarnos un poco de tanto trabajo que estaba a punto de saturarnos.
-Necesito vacaciones – exclamé, un poco en broma, un poco en serio.
-Ja, ja… no seas exagerado Pierre… la semana recién empieza… Hoy tenemos un poco de trabajo amontonado, nada más.
-Pero igual… decime si no te gustaría estar en este momento en alguna playa paradisíaca, surfeando, sin preocuparte por el trabajo… - mi mente volaba demasiado al imaginar ese paisaje.
-Tomate un fin de semana…
-Tomémonos mejor. Los seis.
-Mmm… no sé.
-¡Dale! Podríamos hablar con los chicos… al menos un fin de semana antes de empezar con las giras.
-Eh… bueno.
-Ok, junta en la oficina esta tarde… de paso le damos a Seb las cosas del Crew para que se ponga al día.
-Ok…
-Nos va a hacer bien bro… así nos despejamos. A vos te va a hacer bien, porque no sé qué te pasa, pero hay algo que te está volando la cabeza, se te nota.
-¿Qué?
-Vamos Chuck… te conozco hace veinte años… a mí no me podes engañar, quieras o no. Todo bien si no queres hablar, pero tampoco me lo niegues.
-Ok… tengo algo que me está dando vueltas en la cabeza todo el tiempo y me frustra, estresa, en cierto punto también me desespera… no sé.
-¿No me vas a decir qué es, no? – no respondió, y clavó la mirada en la mesa - ¿Un amor?
-Eso creo…
-Genial… estamos igual.
-¿Sí?
-Eso parece… Sentís que amas a alguien con tu vida, pero que no tenes ni la más mínima chance de que esa persona te vea como más que un amigo, sin embargo te hace feliz con una simple sonrisa, una charla, una broma… te puede cambiar el día en cuestión de segundos, para bien o para mal… te hace sentir en otro mundo…
-Mierda… acabas de explicar todo lo que me pasa.
-Entonces sí, estamos igual bro.
-Qué mierda…
-Sí…
-Y más sabiendo que esa persona tiene una pareja estable… - murmuró y suspiró, a la vez que fijaba la vista en la ventana situada a su izquierda.
-Bueno, basta… ¡Que no decaiga! No quiero que terminemos deprimiéndonos en un bar. Volvamos a la oficina mejor, así de paso también llamamos a los chicos.
-¿Para?
-¡Para las vacaciones de fin de semana Chuck! Dios… no sé quién será esa personita, pero te tiene en la novena nube eh.
-Ja, ja… perdón… me distraje.
-Sí, sí… claro. Te conozco Comeau… Igual, te digo, sea quien sea esa persona, se está perdiendo a uno de los mejores hombres del mundo.
-Exagerado…
-Para nada… simplemente sincero
-Ja, ja… si vos lo decís.
-En serio Chuck… sos una persona maravillosa, y un hombre ejemplar… y no lo digo porque seas mi mejor amigo.
-Bueno, gracias bro.
-No hay de qué… Bueno, paguemos esto y volvamos, o se nos va a hacer tarde.
-Dale.
Pagamos lo que habíamos consumido y volvimos a la oficina. Parecía que esa pequeña charla que habíamos tenido, nos había sacado a los dos un gran peso de encima, y el ambiente en el trabajo cambió a uno mucho mejor, conversábamos más, Chuck había salido de esa burbuja en la que estaba completamente metido horas antes.
A eso de las tres llamamos a Seb, Jeff, David y Pat para conversar acerca de las mini vacaciones que queríamos planear. Iba a ser genial que se sumaran; de todas formas, si alguno no quería, Chuck y yo nos íbamos a ir igual, nos hacía falta un cambio de ambiente.
Unos veinte minutos después, ya estábamos todos. Como de costumbre, David fue el último en llegar, pero bueno, ya estábamos acostumbrados a eso, era el impuntual del grupo y jamás iba a dejar d serlo.
-Ok… ¿Para qué es esta reunión? – preguntó Seb, un tanto impaciente, mirando de a ratos su celular.

-¿Vos me estás diciendo en serio? – preguntó, intentando aguantar la risa.
-Ti – puse mi mejor sonrisa de diablito pero, a su vez, compradora.
-Mira que la pido.
-Dale. Alex va a buscad una mesa.
-Ok amor.
POV SEB
Alex cada día me sorprendía más; no podía creer que realmente quería una cajita feliz, pero bueno, todo fuera para hacerlo feliz a él. Una vez que llegó mi turno, hice el pedido, y cuando todo estuvo listo, busqué a Alex con la mirada. Al encontrarlo, me dirigí a la mesa donde estaba.
-Ok, acá tenes tu pedido. – dije, y le entregué la pequeña caja, provocando que pusiera su mejor cara de feliz cumpleaños, y me senté enfrente de él, dejando la bandeja en la mesa.
-Gracias mi vida.
-Sos único Al…
-¿Qué puedo decir? Disfruto la vida, me divierto… aprovecho para hacer chiquilinadas mientras pueda.
-Y así sos hermoso.
-Vos también, aunque intentes hacerte el serio.
-Ja, ja…
-Nooo…. ¡Un muñeco de Yoda!
-¿Un qué? – exclamé de repente. – ¡No es justo!
-Jódase por no comprarse cajita feliz como yo. – respondió sacándome la lengua.
-Alex, no seas malo…
-Hermoso muñeco de Yoda que va a ir a parar a la repisa de mi habitación.
-Sos malo Gaskarth.
-Va a quedar hermoso entre todos los muñecos que tengo.- comencé a hacerle pucherito – Tengo papas fritas, una rica hamburguesa, y un muñeco de Yoda… no me vas a convencer.
-Ah… ¿Todo eso vale más que yo? ¿La comida y un muñeco valen más que tu novio? – simulaba hacerme el ofendido, y ponía cara de perrito mojado.
Alex comía como si simplemente le estuviera diciendo “hola”, y ni se inmutaba. Era malo cuando quería.
-Ok basta, me podes. Me va a terminar cayendo mal la comida por culpa. Nada vale más que mi novio hermoso.
-Te comería la boca en este mismo instante… pero las papas fritas están más cerca. – dije, y agarré unas papas de la bandeja, logrando que me matara con una simple mirada. – Ja, ja… te amo pendejo.
-No sé, no sé… quedate con las papas fritas.
-Lo dice el que por poco no me cambia por una cajita feliz.
-Basta, dejame comer.
Entre una serie de payasadas de ese mismo estilo, almorzamos sin ningún apuro. Cuando estábamos terminando, aproveché para mandarle un mensaje de texto a Jeff avisándole que en un ratito iba a ir, no fuera cosa de que se olvidara.
-Ok señorito… ¿Vamos?
-Vamos. – nos pusimos de pie y salimos.
-Vas a conocer a tus nuevas sobrinas.
-¿Sobrinas?
-Y sí… bah, al menos que no quieras.
-Qué lindo… ¿Cómo no voy a querer? Seguro son encantadoras como el tío.
-Ja, ja… viste. De un día a otro tenes tres sobrinos nuevos.
-¿Las nenas de Jeff y qué otro?
-Ben… el peque de Pat que nació hace dos meses.
-Ahh… cierto. Genial
-Sí, es hermoso el enano.
-Aww… el tío baboso.
-No, no… padrino orgulloso que es distinto.
-Ja, ja… sos tan tierno.
-¿Vos decís? Bueno, ahí vive el pela.- dije, señalando un edificio al otro lado de la calle.
Entramos y subimos las escaleras hasta el tercer piso; allí nos dirigimos al departamento de Jeff y golpeé la puerta esperando que estuviese en casa, ya que no me había contestado el mensaje.
-¡Pa! – se escuchó que gritaron del otro lado. Había sido Zoe.
-¡Voy!
En cuestión de unos segundos, la puerta se abrió y ahí estaba Jeff con sus hijas corriendo de un lado a otro.
-¡Seb! ¿Cómo estás bro? Apa, viniste con compañía… Hola Alex.
-Hola… - Alex estaba un poco inhibido, casi no hablaba.
-Hola bro.. Todo bien ¿Vos?
-Bien, bien… luchando con estos dos monstruitos. Pasen.
-¿Dónde están mis sobrinas hermosas? – exclamé.
-¡Tío Seb! – gritaron las dos a la vez y corrieron a la sala.
-¿Cómo andan enanas?
Me arrodillé para abrazarlas a ambas. Hacía bastante que no las veía y parecía que crecían por segundo.
-Bien… aunque un poco aburridas. – Respondió Zoe. Era la más chiquita pero también era un lorito.
-Ya lo sabía… Soy adivino. – dije, haciéndome el misterioso.
-¿En serio?
-Por supuesto.
-A ver… ¿Qué estamos pensando ahora? – me desafió Maya.
-Mmm… a ver… están pensando que quieren ir a pasear y se están preguntando quién es el chico que está parado al lado de papá. – las dos habían quedado boquiabiertas.
-¡Papá, el tío Seb es adivino!
-¿Sí? Y payaso también.
-No, ese es Alex. – agregué riendo.
-¿Él es Alex? – preguntaron.
-Sí, él es Alex… - le hice señas para que se acercara – es un amigo mío.
-Hola princesitas… ¿Cómo están?
-Bien… - respondieron tímidamente, raro en ellas.
-Me alegro… ¿Cómo se llaman?
-Yo soy Maya y ella Zoe.
-Mucho gusto señoritas – les dio la mano, en modo de broma - ¿Tienen ganas de salir a pasear?
-Si papá nos deja.
Automáticamente los cuatro miramos a Jeff poniendo nuestra mejor cara tierna y lastimosa de perrito mojado debajo de la lluvia para convencerlo.
-Porfi Jeff… - dijo Alex – Nos vamos a portar bien y las vamos a cuidar.
-Me preocuparía más por quién los va a cuidar a ustedes dos.
-A Alex lo cuido yo… si no quiero morir.
-¿Y a vos?
-Yo me sé cuidar solo.
-Eso no me da ninguna seguridad, sabelo.
-Ja, ja… qué malo. Sabes que las cuido.
-Porfi papi… hace mucho que no salimos a pasear con el tío Seb.
-Stinco, no castres a tus hijas…
-No me queda opción… ¿No? – los cuatro negamos. – Ok, pueden ir. PERO, más les vale a los cuatro que se porten bien. ¿Ok?
-Sí papá – respondimos a coro y reímos.
-Igual alguien me debe una charla me parece…
-¿Alex vos le debes una charla a Jeff? – exclamé, haciéndome el desentendido.
-No sos gracioso Lefebvre.
-Ja, ja… Ok, te la hago simple… Lo que pensas que pasa entre nosotros, es lo que pasa.
-Bueno, felicitaciones a los dos… Igual eso no te salva de una charla después eh.
-Ok, ok…
-Chicas vayan a buscar sus abrigos – les ordenó, y las dos salieron enseguida camino a su habitación - Creo que está de más decirles que ojo con lo que hacen o dicen delante de las chicas.
-Sí, está de más. Quedate tranquilo bro…
-Ok, gracias.
-Listo tío… ¿Vamos?
-¿Saludaron a papá? Miren que si no lo saludan con un beso grande no nos vamos.
-Chau papi – se despidieron las dos, dándole un abrazo y un beso cada una.
-Chau peques… Portense bien y no hagan renegar a los tíos… ¿Sï? – asintieron – y si ellos se portan mal retenlos. Después me cuentan que tal se portaron.
-Bueno…
-¿Vamos? – dije, extendiendo mi mano para que una de ellas la tomara, cosa que hizo Maya, mientras Alex tomaba en brazos a Zoe. – Ok, Jeff volvemos en un rato… no nos extrañes.
-A ustedes lo dudo… a mis hijas sí.
-Ja, ja… que malo. Bueno, hasta luego.
Salimos con las pequeñas y nos dirigimos a un parque que había a unas pocas cuadras. Alex iba haciendo payasadas para hacerlas reír, se le notaba a kilómetros que le encantaba pasar tiempo con nenes.
Estuvimos un buen rato jugando, yendo de un lado a otro, corriendo, haciendo chiquilinadas… Realmente Zoe y Maya tenían muchísima energía, como era de esperarse, y a decir verdad, nos lo habíamos aguantado bastante bien.
-Ok… ¡Me rindo! – exclamó Alex sentándose en el piso, y ambas se le tiraron encima - ¿Quién quiere un helado?
-¡Yo! – gritaron a coro.
-Bueno… primero tienen que dejar que me levante… ¡O voy a morir aplastado! – era demasiado tierno y hermoso. Tenía mucha química con las pequeñas.
-¿Estás bien tío Alex? – preguntó Zoe. Siempre se preocupaba por todos, era un encanto, y que lo hubiera llamado tío a Alex, había sido adorable.
-Sí princesita… estoy bien. ¿Vamos por los helados?
Una vez que Alex se reincorporó, fuimos en busca de una heladería que estuviera cerca, y, por suerte, no tardamos en encontrarla. Hicimos el pedido, y terminamos los cuatro sentados en una de las mesas que había afuera.
-¿Está rico? – pregunté. Asintieron con la cabeza, sin quitarse la cuchara de la boca.
-Mmm… no sé. ¿Seguras? ¿Me dejan probarlo? – inquirió Alex.
-¡Alex! ¡No le comas el helado a las nenas! Vos tenes el tuyo.
-¿Ustedes me quieren convidar? – volvieron a asentir – Ves, ellas me convidan.
-Sos terrible. – las dos le dieron una cucharada de sus respectivos helados; parecía que el chiquito era Alex en vez de ellas.
-Mmm… tenían razón. Está rico. – exclamó y me sacó la lengua. - ¡Tengo una idea!
Les hizo señas de que se acercaran a él, y les habló al oído. Podía esperarme cualquier cosa de Alex.
-Tío Seb… cerra los ojos. – me dijo Maya.
-¿Para qué?
-¡Vos cerralos!
-¿Qué quieren hacer ustedes tres eh?
-Dios, Seb… hacele caso a las nenas.
-No sé qué podría llegar a pasar, pero bueno. – hice lo que me habían ordenado, esperando que no hicieran ninguna locura.
Al cabo de unos segundos, sentí algo frío en la nariz, y los tres comenzaron a reírse. ¿Por qué sería que ya no me extrañaban esas cosas de Alex? Al contrario, las amaba.
-¡Ahora podes abrirlos tío!
-¿Qué me hicieron? – pregunté, haciéndome el distraído - ¿De qué se ríen? ¿Tengo algo en la cara?
-No… - dijeron entre risas, los tres.
-¿Seguros?
-¡Sí!
-¿No me están mintiendo? – las nenas no aguantaban más la risa.
-¡Tenes helado en la nariz!
-¿En serio? - puse mi mejor cara de sorprendido.
-¡Sí! ¡Fue idea del tío Alex!
-¿Qué? ¡Mentira! ¡Yo no fui!
-¡Sí! ¡Fuiste vos!
-¿A quién le tengo que creer?
-¡A nosotras!
-¿Seguro?
-¡Sí, tío!
-Ok, ok… nadie me cree a mí.
-Pobre Alex… Denle un abrazo, así no llora.
-No tenes que mentir tío – le dijeron mientras lo abrazaban.
-¿Quién me limpia el helado de la nariz?
-Yo no…
-Ya vas a ver vos nene.
Zoe tomó una servilleta, se acercó bien a mí e hizo lo que pedí, mientras se reía.
-Listo tío.
-Gracias peque. ¿Terminaron el helado?
-Sipidipi.
-Genial… - no faltaba mucho para que comenzara a anochecer, por lo que era hora de llevarlas de vuelta a casa. La tarde se había pasado más rápido de lo que habíamos imaginado. – Hora de volver a casa.
-¡Ufa!
-Ya es tarde enanas… Otro día vamos de paseo de nuevo ¿Sí?
-Bueno…
-Además papá me va a matar si se hace de noche y ustedes no están en casa. Así que, vamos.
Las dos estaban bastante cansadas, y no era para menos ya que habían ido de un lado a otro toda la tarde jugando, por lo que las tomamos en brazos, de modo que no tardaron mucho en quedare un poco dormidas, aunque no quisieran.
-Son unos angelitos… - murmuró Alex, mientras caminábamos.
-Sí… y te adoran. No tienen idea de nada y ya te adoptaron como tío.
-Ja, ja… sí. Son una dulzura.
-Gracias…
-¿Gracias por qué?
-Por esto…
-No me tenes que agradecer bobo… te amo.
-Yo también te amo.
-Gracias a vos por haberme levantado el ánimo.
En cuestión de unos diez minutos llegamos a la casa de Jeff. Zoe y Maya ya estaban completamente dormidas.

-Al final tenías razón – dije mientras lo abrazaba por la cintura – Tuve nervios de nada.
-¡Viste! Encima ya te aman.
-Y yo a ellas. Bueno, es imposible no amar a esa familia directamente. – exclamé dándole un pequeño beso.
-Te amo… Por cierto ¿Qué le dijiste a An en el lago?
-Que no se enojara, y que si no le habías dicho nada fue sólo porque no se te dio la oportunidad…
-¿Nada más?
-Nada más… Bah, después le dije que fuera, te abrazara y te dijera que te ama.
-Sos un amor… Gracias Al.
-No agradezcas… Es sólo que no puedo ver a dos hermanos peleados y menos por una boludez.
-¿Qué haría sin vos eh? – me besó – Por cierto… ¿Te molesta si mañana vamos a dar un paseo con las hijas de Jeff? Hace rato que no las veo y se lo prometí.
-¿Cómo me va a molestar? Al contrario, me encantaría.
-Genial… gracias.
-¡Deja de agradecerme!
-Ja, ja… bueno, no me retes.
En cuestión de unos pocos minutos llegamos a la casa de Seb; nos preparamos algo liviano de cenar y después de comer nos acostamos. Había sido un día largo, sin embargo no estábamos cansados, pero no había nada mejor que hacer y no venía nada mal pasar un rato completamente para nosotros después de todo.
-Linda tarde hoy – murmuró mientras me besaba el cuello. Estaba sobre mí y sus manos recorrían mi abdomen por debajo de la remera.
-La verdad que sí. – lentamente comencé a quitarle la suya, mientras lo acercaba más a mí para besarlo. – Te amo Sebby Dooby.
-No me pongas esa carita tierna porque me haces sentir un pervertido de mierda con las cosas que se me pasan por la cabeza.
-¿Ah sí? – lo hice girar hasta quedar encima de él y comencé a besarle el cuello a la vez que tiraba su remera al piso. - ¿Qué se te pasa por la cabeza?
-Imaginatelo vos. – colocó ambas manos en mi trasero, haciendo presión.
-Epa… propiedad privada eso.
-¿Sí? ¿Ni siquiera tu novio puede invadir la privacidad?
-Mierda… te amo. Es imposible decirte que no. – no lo dejé responder absolutamente nada y lo besé.
Lentamente fui bajando con los besos. Podía sentir como su respiración se tornaba irregular por el movimiento de su abdomen. Al llegar a su estómago, con un suave movimiento me hizo volver al comienzo, y, entre besos, me quitó la remera.
Al cabo de unos minutos nos despojamos de prácticamente todo, quedando sólo en bóxers. No podía alejarme de sus labios, ni de su cuerpo, y parecía como si a él le pasara lo mismo; no existía nada en ese momento más que nosotros dos.
-Amor… - murmuré con dificultad.
-¿Querés parar? – sólo negué con la cabeza- ¿Seguro?
-¿Vos querés parar? – me imitó – Te amo Seb.
-Yo también te amo Alex.
Finalmente nos quitamos la poca ropa que nos quedaba y nos dejamos llevar. Seb era el más nervioso de los dos, al fin y al cabo yo sí había tenido experiencias con hombres.
-Cualquier cosa que te haga mal o te incomode decime… Lo que menos quiero es lastimarte.
-Tranquilizate amor… sé que estoy en buenas manos. – lo besé.
Se colocó sobre mí, estando yo de espalda, y, luego de tomar las medidas necesarias, comenzó. Al principio no puedo negar que dolió un poco, pero intentaba no demostrarlo para que Seb no siguiera nervioso, y después de unos segundos, el dolor lentamente se fue transformando en placer.
Continuamos hasta quedar exhaustos; al menos por esa vez sólo yo fui pasivo, y los dos lo habíamos disfrutado. Nos habíamos entregado de la única forma que quedaba, Seb era mi todo, y eso que nos unía cada día se fortalecía más.
-Gracias Al… - murmuró mientras yo me acomodaba apoyando la cabeza en su pecho.
-No agradezcas… - alcé la mirada – te amo.
Me besó la frente y me abrazó, de modo que no tardamos mucho en quedarnos dormidos. Hacía mucho tiempo que no pasaba una noche tan hermosa, con alguien tan hermoso.
A la mañana siguiente me despertó el ruido de un celular. Sentía que me perforaba los tímpanos, pero no reaccionaba para apagarlo.
-¿Es tu teléfono? – pregunté, hundiendo la cara en una de las almohadas.
-No… es el tuyo.
-Mierda. – estiré el brazo y comencé a tantear en la mesa de luz hasta que lo encontré. Sólo vi que alguien me estaba llamando, pero no pude identificar el nombre, por lo que atendí. - ¿Hola?
-Alex… hola.
-¿Ma-mamá?
-Sí, soy yo. ¿Acaso no tenes mi número?
-Sí, pero estoy dormido y no vi quien llamaba. Qué sorpresa tu llamada.
-Sí, lo sé, pero necesitaba hablar con vos. ¿Cómo estás?
-Bien, bien… ¿Vos? ¿Pasó algo?
-Bien… No, no pasó nada, sólo que no quería seguir posponiendo esto.
-¿Qué cosa?
-Hablar con vos Alex.
-Ah, sí… perdón. Todavía estoy un poco dormido.
-¿Estás en tu casa?
-Eh… no. No estoy en Baltimore.
-¿Dónde estás?
-en Montreal. – respondí y lo miré a Seb regalándole una sonrisa.
-¿Qué haces en Canadá?
-Eh… digamos que en este último tiempo pasaron muchas cosas.
-¿Lo de Lisa fue definitivo?
-Mamá, Lisa me cagó. ¿Qué esperas?
-Qué lástima… era tan dulce y buena.
-Claro, y por eso hizo lo que me hizo. La verdad que es una santa.- por esto odiaba que me llamara. Por alguna u otra razón, siempre terminábamos discutiendo.
-Un error lo comete cualquiera Alex.
-Mamá no me vengas con ese cuento barato. Si realmente amas a alguien no vas a estar con cuanto idiota se te cruce. Yo siempre la respeté, la cuidé, le fui fiel, le di todo; Ella no lo supo valorar. Y te vas a tener que acostumbrar a que ella ya no sea nada mío, ni tu nuera.
-Yo siempre le voy a tener cariño…
-Vos hace lo que quieras, pero no pretendas que yo vuelva con ella ni nada de eso, porque yo ahora estoy más que feliz con la persona que estoy.
-¿Estás en pareja?
-Sí…
-Bueno… espero conocerla pronto.
Miré a Seb, quien esbozó una pequeña sonrisa que me dio la seguridad que me faltaba. Tomé su mano y la sostuve fuertemente.
-Conocerla va a ser un poco difícil. Lo que sí vas a poder hacer, es conocerlo.
-¿Estás saliendo con un hombre?
-Sí.
-¿Qué fue lo que hicimos mal Alexander?
-¿Realmente crees que hiciste algo mal sólo porque salgo con un hombre? Hace años que soy bisexual, no es nada nuevo.
-Sólo fue un capricho con Matt lo que tuviste.
-Matt fue sólo un comienzo.
-Creímos que era algo de la edad, un capricho… y que se te iba a pasar.
-Lamento decepcionarte, pero no es ningún capricho. Tu hijo es bisexual, te guste o no, y es muy feliz con su novio.
-¡Basta!
-¡No sé para qué mierda me llamas si te importan más tus putos prejuicios que lo que me pasa a mí!. Ahora entiendo por qué carajos Tom se quiso ir a la mierda y volvió a Inglaterra.
-¡No metas a tu hermano en esto!
-No, tenes razón. Tom no se merece que revuelva las cosas del pasado. Chau.
Corté la llamada, arrojé el teléfono a la cama y, sin siquiera pensarlo, abracé a Seb. Al primer contacto con él, todo lo que estaba aguantando me desbordó, hundí la cara en su pecho y comencé a llorar como hacía tiempo no lo hacía.
-Descargate amor… deja salir todo, te va a hacer bien. – murmuró mientras me abrazaba y acariciaba mi pelo.- te amo Al…
-¡Odio que haga eso! Pareciera que no le alcanza con haber perdido un hijo para valorar un poco más al que sigue vivo. Nunca nada le viene bien, si no es una cosa es otra…
-Tranquilizate… No te sigas alterando porque te va a hacer mal.
-No puedo… Gracias Seb, gracias por estar conmigo.
-No me tenes que agradecer amor… te amo y siempre voy a estar para vos hermoso. – tomó mi cara entre sus manos y con ambos pulgares me secó las lágrimas que brotaban de mis ojos.
Era más que obvio que él también estaba mal por lo que acababa de pasar, pero intentaba poner su mejor cara para hacerme sentir mejor a mí, cosa que agradecía profundamente.
-Nada de lo que digan los demás va a lograr que yo me aleje de vos… ¿Me entendiste? – asentí – Ahora te quiero ver sonreír y no quiero que dejes que esto que acaba de pasar te tire abajo. ¿Sí?
-Ojalá fuera tan fácil…
-Vos podes Al… pensa que estamos juntos, que la pasamos bien, que tenemos un montón de cosas para hacer, pensa en todo lo que pasó ayer… ¿No son cosas demasiado hermosas las que nos vienen pasando como para no dejar de pensar en lo que nos hace mal?
-Sí… tenes razón.
-Sé que no es fácil estar peleado con tu mamá, pero tenes que ser un poco egoísta al menos por una vez y pensar en tu felicidad, no en la de los demás.
-Lo intento…
-Y lo vas a conseguir… vos sos fuerte y vas a poder.
-Gracias.
-¿Vamos a desayunar? – preguntó con una sonrisa.
-Dale.
Nos pusimos los bóxers y fuimos a la cocina. Entre besos, caricias, abrazos y bromas, nos preparamos algo para desayunar, y después, nos dimos una ducha, juntos. Cualquiera creería que eso implicaba que hubiera sexo, sin embargo, terminamos comportándonos como dos nenes chiquitos en la ducha, riéndonos por todas las payasadas que hacíamos.
-¿A qué hora tenes que pasar a buscar a las nenas? – pregunté, mientras nos cambiábamos.
-A eso de las tres… tenemos tiempo todavía.
-Genial.
-¿Estás mejor?
-Un poco…
-Hoy te vas a distraer hermoso. Tengo una idea.
-¿Cuál?
-Podríamos ir a dar un paseo antes de ir a buscar a las nenas.
-Me gusta la idea.
-Ok, termina de cambiarte y vamos. ¿Sí?
-Bueno.
Nos terminamos de preparar, tomamos nuestros respectivos celulares y billeteras, y salimos. No teníamos un destino definido, simplemente recorríamos la ciudad sin pensar en nada. Seb hacía miles de payasadas con tal de hacerme reír y que no me sintiera mal, era un sol, mi sol, y lo amaba con el alma.
-En aquel parque nos juntábamos con los chicos a andar en skate… mis mayores caídas y golpes fueron ahí. – exclamó, nostálgicamente, señalando el lugar.
-No era tu fuerte el skate ¿No?
-Digamos que no… no era pésimo, pero tampoco muy bueno que digamos.
-Ja, ja… coincidimos en algo. Zack es el skater del grupo, Jack y yo nos dedicamos más que nada a hacer pelotudeces y caernos.
-¿Por qué será que no me sorprende?
-Ja, ja… bueno… es inevitable hacer estupideces estando con Jack.
Seguimos dando vueltas y Seb me hizo conocer varios lugares que marcaron o marcaban su vida a diario. Era genial poder conocer más de su vida, de alguna manera me hacía sentir cada vez más cerca de él.
-¿Tenes hambre? – preguntó al ver la hora. Faltaban unos minutos para la una y media.
-Algo…
-Ok… ¿Restaurant, bar, McDonalds, Starbucks, o Burger?
-Qué pregunta… Mc, obvio.
-Ja, ja… cuando no el chiquito.
-Bueno che… Si no queres, elegí vos.
-Te estoy jodiendo tontito. Hay un Mc a unas cuadras de acá, vamos.
Efecticamente, caminamos unas tres cuadras y nos topamos con un local de comida rápida. Entramos y había una pequeña fila que, por suerte, iba bastante rápido.
-¿Qué queres comer?
Era el momento justo para hacer una de las mías y cagarme de risa. Me acerqué bien a él y le hablé al oído, poniendo mi mejor cara de inocente y chiquilín.
-Alex quede una cajita feliz con judetito.

Todo en mi vida había dado un giro de ciento ochenta grados desde que Tom, mi hermano mayor, había abandonado Baltimore para volver a Essex, Inglaterra, nuestra ciudad natal. La separación de nuestros padres nos había afectado a ambos, aunque yo había encontrado un gran soporte en mi banda, para poder reconstruir mi vida y no enfocarme en las cosas que me hacían mal, pero Tom, en cambio, no había tenido esa misma suerte. A pesar de que él intentaba ocultármelo, yo sabía perfectamente que había caído en más de una adicción, principalmente el alcohol y, lógicamente, me dolía saber que pasaba por eso y que se negaba rotundamente a aceptar ayuda.
Una mañana de otoño, me levanté como de costumbre dispuesto a ir al colegio, pero mientras desayunaba, mi vida terminó de destruirse. Escuché el timbre de la entrada y, segundos después, vi a mi madre pasar por delante de mí, saludándome con un suave “Buen día Alex” y se dirigió a la puerta. Durante unos pocos minutos no pude escuchar mucho sino que todo lo que oía me resultaba murmullos inentendibles, hasta que un grito desgarrador provocó que, sin pensarlo, me pusiera de pie y corriera los pocos metros que había desde la cocina a la sala y allí la vi a mi madre, completamente quebrada, llorando, arrodillada a los pies de un oficial de la policía.
-Mamá… ¿Qué pasó? – fue todo lo que pude decir en ese momento.
Ella se paró y me abrazó más fuerte de lo que alguna vez lo había hecho en mis quince años.
-Tu-tu hermano fa-falleció anoche.
Esas palabras se sintieron como una serie de puñaladas en el medio del pecho; no podía creerlo, eso no podía ser verdad, Tom no podía estar muerto. En ese momento mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas que no pude contener más que por unos segundos, mi mundo, mi vida entera se había derrumbado por completo.
Una vez que recuperamos la cordura, lo cual nos tomó un buen rato, el oficial se ocupó de notificarnos todo lo que se sabía de las causas de la muerte. No era mucho, ya que apenas habían pasado unas horas, pero lo que se sabía por el momento era que había muerto mientras dormía, y que lo había encontrado uno de sus amigos; la autopsia iba a revelar más detalles, pero era cuestión de tiempo hasta saber todo.
Antes de retirarse, el policía nos entregó un papel, habían enviado una copia de la carta de “despedida” de Tom. Mi madre la tomó, sin dejarme leerla, y la leyó para ella, logrando que las lágrimas volvieran a sus ojos.
De más está decir que perdí varias clases del colegio. Unos días después de la tragedia, me las arreglé para encontrar la carta de Tom y leerla, sin que nadie supiese nada, aunque no sé qué hubiese sido peor. Acabé sintiéndome culpable de la muerte de mi propio hermano, parecía como si la atención que yo había ganado estando en la banda había provocado que se sintiera dejado de lado tanto por mí como por nuestros padres, y la culpa se terminó apoderando de mí.
No entendía por qué había llegado a hacer eso. ¿Acaso no había pensado en el dolor que iba a provocarnos? ¿No había considerado la idea de que conversáramos para arreglar las cosas? Una gran parte de mi se había ido, había perdido a mi mayor modelo a seguir, a mi ídolo, y ni siquiera había podido decirle por última vez lo importante que era para mí y cuánto lo amaba.
Tanto que me quedaba por vivir junto a él, tanos momentos que no pudimos compartir, tanto se había perdido en un abrir y cerrar de ojos y mi vida se transformó en un puñado de pesadillas atormentándome día a día.
Definitivamente nunca volví a ser la misma persona desde entonces; la vida me había hecho madurar demasiado de golpe y realmente todo lo que me mantenía en pie eran mis amigos y compañeros de banda. Sin ellos probablemente no habría tardado mucho en reencontrarme con Tom, como tantas veces se me había cruzado por la cabeza.

-Sos peor que David – dije, después de un rato, haciendo que se sobresaltara.
-Tarado…me asustaste.
-Bueno che… ¿Tan feo soy?
-Ja, ja… no, sos hermoso. ¿Hablaste con tu mamá?
-Sí, te manda un beso.
-Qué dulce.
-Así es… ¿Vamos?
-Bueno…
-¿Caminando o en auto? No estamos lejos.
-El nene no se puede mudar lejos de mamá. – exclamó, sacándome la lengua.
-¿Encima me provocas? El nene va a dejar a su novio durmiendo afuera esta noche.
-Ja, ja… te amo. Dale vamos.
Tomé un abrigo y salimos. Como cada vez que íbamos a algún lugar juntos, fuimos todo el trayecto haciendo payasadas en el medio de la calle, aunque debo admitir que esta vez, mis payasadas eran más que nada para lograr distraerlo a Alex y que se relajara.
-Ok… se me hizo toda una laguna mental.
-¿Con qué?
-Nombres.
-Tu suegra es Lorraine, tu cuñado Jay, y tus cuñadas Andrée-Anne y Héloise.
-Ok.
-Relajate… Ya llegamos. – dije, señalando la casa. Revisé mis bolsillos, como de costumbre me había olvidado las llaves – Lo primero que me va a decir es cuándo va a ser el día que traiga mis llaves.
Toqué timbre y esperamos a que alguien abriera. Alex no podía dejar las manos quietas, y miraba para todos lados por los mismos nervios. En cuestión de segundos la puerta se abrió, y ahí estaba mi mamá.
-¿Cuándo va a ser el día que traigas las llaves? – exclamó, tal como lo había previsto, haciendo que Alex se riera. – Hola chicos… pasen.
-Permiso… - murmuró Alex mientras entrábamos.
-Así que este es el famoso Alex…
-U-un gusto conocerla, señora.
-El gusto es mío hijo… - respondió y le dio un pequeño abrazo - y por favor llamame Lorraine.
-Bueno, Lorraine.
-Pasen, siéntense que ahora les traigo algo para tomar.
-Ves que no es tan grave – le dije mientras nos sentábamos - ¿Estás más tranquilo?
-Un poco… creo.
-Te amo – le di un fugaz beso en la mejilla.
-Alex… ¿Te gusta el chocolate caliente? – preguntó mi madre desde la cocina.
-Sí, sí.
-Genial…
Al cabo de unos minutos volvió a la sala, llevando una bandeja con tres tazas. Nos entregó una a cada uno, la que restaba la tomó ella, y se sentó enfrente de nosotros.
-Bueno… cuéntenme… ¿Cómo va todo?
-Bien… mejor que nunca.
-Me alegro mucho… Alex ¿Te cuida el loco este?
-A las pruebas me remito… Anoche me quiso dejar durmiendo afuera.
-¿En serio?
-Ja, ja… era una joda má.
-Más te vale Sébastien…
-Ves… ya cagué. No pasaron ni quince minutos y ya tenes a tu suegra de tu lado – exclamé – y vos que estabas nervioso.
-Yo no estoy del lado de ninguno, ¡Pero no podes dejarlo durmiendo afuera al pobre chico!
-Ja, ja… Mamá ¿Realmente me crees capaz de hacerlo?
-Y… no sé. Alex vos cualquier cosa venís acá…
-Ja, ja… bueno. Hablando en serio, sí,me cuida… y mucho.
-La verdad que no se puede esperar menos de él… siempre fue así.
POV ALEX
Realmente Lorraine era extremadamente simpática y apenas puse un pie en la casa me trató como si fuera su hijo. Por otro lado, no había dudas de que Seb era su hijo, eran prácticamente iguales. Estuvimos hablando un buen rato; ella me defendía en todo, y la estaba pasando más que bien. La verdad que Seb tenía razón, y todos mis nervios habían sido en vano.
-¿Cómo llevan el tema de la distancia?
-Es complicado… - dije – pero bueno, es algo a lo que tenemos que acostumbrarnos, más siendo que los dos tenemos nuestras bandas y estamos de gira constantemente. De todas formas, este chico es alguien muy fácil de extrañar.
-Qué dulce… La verdad Seb, te felicito. Y, Alex, gracias por hacerlo feliz, hacía bastante tiempo que no lo veía así a mi hijo. A los dos se les nota en la cara lo enamorados que están.
-Es imposible no estarlo… Te regala una de esas sonrisas y te enamora.
-Decimelo a mí. Desde chiquito que se aprovecha de eso. Así que, no te dejes convencer por sus caras tiernas, porque donde lo consiga una vez, no para más.
-Ja, ja… lo voy a tener en cuenta.
-Ma, no me mandes al frente.
-Yo sólo se lo advierto, para que sepa dónde se está metiendo.
-Ja, ja… se nota que no te conoce eh. – me dijo Seb, riendo.
-¿Qué? Si soy un angelito yo.
-La cantidad de videos que hay de Jack y vos haciendo boludeces no dice lo mismo.
-¿Sos muy rebelde, Alex?
-Ja, ja… En realidad en mi banda es todo un descontrol constante, somos todos amigos y es terrible… pero con Jack, el guitarrista, es como que somos el dúo dinámico y, cuando nos fusionamos, somos peor que dos nenes de cinco años.
-Y bueno, yo me enamoré de ese chiquilín.
-Bueno hijo, vos no podes quejarte de mucho…
-¡Hey!
-Tu mamá tiene razón… estás por cumplir treinta años y sos fanático de Harry Potter… Así que no te podes quejar.
-Y Harry Potter es poco.
-Ma… no me ayudes tanto.
-Opa… ¿Hay más?
-No te hagas el sorprendido que ya me conoces. Y habla el adicto a los superhéroes.
-Yo tengo veintitrés años, no treinta.
-Ahora entiendo por qué se llevan tan bien… - acotó Lorraine, haciéndonos reír a los dos.- son muy parecidos.
-Eso parece…
-Ma… ¿Las chicas? – preguntó Seb después de unos minutos.
-Creo que arriba, si es que no salieron.
-Raro que no hayan bajado. ¿No están con ningún chabón no? – preguntó mientras se ponía de pie.
-Cagamos… el hermano celoso. – exclamé.
-Usted se calla. No soy celoso, pero no quiero aparecer en un momento inoportuno.
-No Seb, no están con nadie. Paul y Alex no vinieron hoy.
-Ves… -dijo Seb, girándose a mí – An es igual a mí. Hasta nos buscamos novios con el mismo nombre.
-Ja, ja… tarado.
-Ok, voy a ver qué onda con estas chicas.
-Tomate tu tiempo… - bromeé. Se dirigió a las escaleras y yo me quedé hablando con Lorraine.
-La verdad que se le nota muchísimo el amor que te tiene… Gracias por hacerlo feliz… Después de todo lo que le pasó con Laurence se había cerrado muchísimo al amor.
-No tiene que agradecerme… Yo pasé por lo mismo que Seb, hace como un año, para el mismo tiempo en que empecé a tratarme con él, y él fue la persona que más me bancó en ese momento.
-Hacen una hermosa pareja, en serio…
-Gracias.
De repente se escuchó un ruido y alguien pasó corriendo por la sala y salió. Detrás de ella, apareció Seb.
-¡An!
-Seb… ¿Qué pasó? – preguntó Lorraine.
-An… - dijo volviendo a sentarse en el sofá – se enojó porque no le dije antes que estaba de novio, y Hél metió la pata diciendo que ya sabía. Dios, ¿Cuándo va a ser el día que no tenga un quilombo?
-Amor… tranquilízate. Es tu hermana, y la más unida a vos… es normal que lo tome a mal. Ya se le va a pasar.
-Alex tiene razón Seb… sabes cómo es tu hermana.
-Vamos a buscarla si queres… para que te quedes tranquilo.
-No sé… no tengo idea de a dónde mierda puede haber ido.
-Vamos igual… No debe estar tan lejos. Además, la conoces y vas a saber dónde encontrarla.
-Ok… Má, cualquier cosa llamame ¿Sí?
-Bueno hijo… tengan cuidado.
-Sí.
Salimos de la casa y comenzamos a buscar a Andrée-Anne. Yo no tenía idea de a dónde ir, y Seb tampoco, por lo que nos iba a costar bastante encontrarla.
-¿Algún lugar al que suela ir? ¿La casa de alguna amiga o del novio? Algo.
-No… cuando está mal o se enoja busca estar sola… en ese sentido es igual a mí. Odia que la vean mal.
-¿Algún lugar que sea su escape, su lugar de paz?
-No sé… no, para… ¡El lago!
-¿Qué lago?
-Tomemos un taxi y te explico.
Paramos el primer taxi que apareció, nos subimos, y Seb le dio indicaciones en francés al conductor que no entendí.
-Su escape es un pequeño lago que hay a las afueras de la ciudad. En ese lugar la encontramos cuando falleció un amigo de ella hace unos años.
-Entiendo…
Tardamos unos diez minutos hasta llegar a destino. Al hacerlo, Seb le pagó al taxista y bajamos. El lugar era hermoso, extremadamente tranquilo, la verdad que un perfecto escape.
A unos metros de nosotros vimos a Andrée-Anne, sentada en el césped, arrojando piedras al agua.
-¿Me dejas a mí? – pregunté, tomándolo por sorpresa.
-Ok…
-Gracias. – le di un pequeño beso en los labios y me acerqué a mi cuñada. - ¿An?
Se giró rápidamente al escuchar su nombre, y se quedó un tanto sorprendida al verme.
-Soy Alex – seguí - ¿Te molesta si te acompaño?
-No… Sos el novio de Seb ¿No?
-Sí, lo soy…
-¿Qué haces acá?
-Salimos a buscarte con Seb. Antes que malpienses, no intento hacerme el cuñado buena onda ni nada de eso, pero nos preocupaste, más que nada a él. Sé lo que se siente que la persona más cercana a vos no te cuente algo tan importante, pero con enojarte no ganas nada.
-No estoy enojada, estoy… dolida. Seb siempre fue la primera persona en saber absolutamente todo de mí, y que no me haya contado esto para mí significa mucho.
-Hey… pensa que quizás no se le dio la oportunidad y no quería hablarlo por teléfono o chat. Vos lo conoces mejor que yo, pensa en esa posibilidad.
-Sí… es verdad.
-¿Te puedo decir algo? – asintió – Anda, agárralo a tu hermano, dale un abrazo y decile que lo amas. A los dos les va a hacer bien.
-¿Te puedo abrazar a vos primero? – preguntó con una sonrisa.
-¡Obvio!
-Gracias cuñado – murmuró mientras me abrazaba.
-No agradezcas… Ahora anda.
Se puso de pie, acción que imité, y se dirigió a donde estaba Seb. Lo abrazó y él la levantó del suelo, haciendo que se aferrara más a él. Realmente no podía ver a dos hermanos peleados aunque fuera por cuestión de segundos, me había quedado una especie de complejo desde la muerte de Tom. Había perdido a mi hermano sin siquiera poder decirle por última vez que lo quería, y eso era algo que jamás iba a borrarse de mi memoria y que me atormentaba día a día.
Una vez que se separaron, me acerqué a ellos. Los dos tenían una inmensa sonrisa en la cara.
-¿Ya está todo bien? – pregunté, y se limitaron a asentir. – Me alegro.
No había dudas de que eran hermanos. Eran muy parecidos tanto físicamente como en su forma de ser. Caminamos algunas cuadras hasta llegar a una calle concurrida, y allí tomamos un taxi para volver a casa.
-¿Se arreglaron? – preguntó Lorraine al vernos entrar.
-Sí má. – respondió Seb mientras nos sentábamos en el sofá.
-Bueno… me alegro.
Nos quedamos un rato más conversando, pero esta vez también con Andrée-Anne y Héloise. Para ser honesto, me habían aceptado sin problemas, y se sentía más que bien. A eso de las seis decidimos irnos; habíamos pasado varias horas y casi no las habíamos notado.
-¿Seguro que no se quieren quedar a cenar chicos?
-No ma, gracias… te prometo que pronto te lo traigo de nuevo a este chico y nos quedamos, pero estamos cansados.
-Bueno… pero más les vale que vuelvan pronto. Alex, si este no te quiere traer, podes venir cuando quieras igual eh.
-Ja, ja… gracias, lo voy a tener en cuenta.
-Bueno… chau cuñado – se despidieron las dos chicas.
-Chau chicas… nos hablamos. – habíamos hecho un intercambio de números de teléfono y direcciones de e-mail para mantenernos en contacto.
-Cuídense ¿Sí?
-Sí mamá. – respondió Seb. Ambos la saludamos y emprendimos el camino de regreso a casa.

-¿Hola?
-Soy la persona más idiota del mundo.
-¿Qué pasó? ¿Se lo dijiste?
-No… entré en pánico…
-Dave… ¿Estás llorando?
-No… - respondí mientras secaba las lágrimas que caían por mis mejillas.
-David, estás llorando. ¿Qué pasa boludo?
-¡Que soy un pelotudo Seb! No le dije una mierda y perdí la oportunidad… ¡Le terminé preguntando cómo iba todo con la puta de Lachelle!
-Hey Dave… tranquilízate. No era la única chance que tenías… Tenes miles de oportunidades más bro. Pero no te pongas mal, porque no perdiste nada.
-No sé… Pierre se dio cuenta que algo me pasaba…
-Escuchame David. No te tenes que dar por vencido, primero jugatela. Hasta que Bouvier no te dé el no, no perdes nada. Pensalo tranquilo, junta valor y hacelo. ¿Sí?
-Definitivamente no sé qué haría sin vos. Gracias Seb.
-Ya te dije que no me tenes que agradecer nada. Ahora te quiero ver con una sonrisa ¿Ok?
-Sí mamá. – bromeé e, inconscientemente, sonreí. – bueno bro, no te molesto más… Gracias.
-No molestas Dave… cualquier cosa que necesites llamame.
-Dale. Gracias. Después hablamos.
Corté la llamada con Seb y volví a mi mundo. No dejaba de dar vueltas por mi cabeza todo lo que había pasado un rato antes, y seguía evaluando las posibilidades de que las cosas me salieran bien. ¿Qué probabilidades había de que a Pierre le pasara lo mismo? Posiblemente una en un millón, y me aterraba la idea de salir perdiendo; no quería quedar como un idiota, no quería ser el que saliera lastimado… sabía que si Pierre me decía que no me veía de la misma manera que yo a él, no iba a aguantar y me iba a quebrar ahí mismo, y lo que menos quería era que él llegara a sentir lástima por mí.
Entre tantas discusiones conmigo mismo, después de un rato el cansancio me ganó, y terminé cediendo ante él, quedándome dormido tal como estaba.
POV SEB
No podía dejar de pensar en todo lo que había pasado en cuestión de unas horas. Haberme enterado que David estaba enamorado de Pierre había sido raro, inesperado, aunque de alguna manera creo que una parte de mí se lo veía venir. De todas formas, verlo a él mal, me hacía mal a mí también; Dave era mi mejor amigo, mi hermano, era una parte de mí, y sabes que estaba así no me gustaba en lo más mínimo.
Una vez en casa, llamé a Alex para organizar el viaje del día siguiente y saber más o menos a qué hora iba a llegar, para no andar a las corridas a último momento. Y, lo que quedó del día, lo pasé encerrado en el estudio de casa, perdiendo el tiempo con algunos demos que tenía.
La noche del viernes no tardó en llegar, y con ella, también llegó Alex. Poco después de las once, su vuelo aterrizó, dando comienzo a una pequeña odisea, ya que el nervioso ahora era él; al verlo, una gran sonrisa se dibujó en mi rostro, y no era para menos, lo extrañaba horrores y me costaba bastante estar lejos de él.
-Hola mi amor… - murmuró, mientras me abrazaba. Habíamos decidido darle un poco de protagonismo a la discreción; no teníamos ganas de aguantar a la prensa, y más siendo que desde el día de mi show en Virginia, los dos la estábamos evitando.
-Hola hermoso… ¿Vamos?
-Vamos…
Habiendo pasado tantos años en el mundo del “espectáculo”, uno se acostumbra a vivir pendiente de su alrededor y con ojos hasta en la nuca, porque nunca se sabe dónde puede aparecer un paparazzi, razón por la cual, optamos por lucir como simples amigos, aunque fuera más que obvio que no era exactamente una amistad lo que había entre nosotros.
-¿Cómo estuvo el viaje? – pregunté, mientras arrancaba el auto.
-Tranquilo… demasiado tranquilo.
-O vos te acostumbraste a viajes muy densos y llenos de ruido y movimiento.
-Me acostumbré a viajar con Jack, eso dice demasiado.
-Ja, ja… sí. Digo lo mismo de Bouvier y compañía.
-No creo que sean peor que nosotros.
-Ahora no tanto, pero cuando teníamos la edad de ustedes… para… me siento un viejo de mierda diciendo eso… Bueno, la cosa es que hace un par de años, éramos tan o más insoportables que ustedes.
-¿Ya estás entrando en la crisis de los treinta? Te falta medio mes todavía para cumplir años eh.
-No me ayudes tanto Alex.
-Ja, ja… te amo… y no estás viejo.
-Si vos lo decís… bueno, llegamos. Aunque no sé para qué lo digo si vos ya sabes donde vivo.
-Y… la edad ya te está afectando la memoria. –exclamó mientras bajábamos del auto.
-Date por muerto Gaskarth.
-¿Sí? ¿Qué me vas a hacer?
-Vos procura que no te alcance.
Bajé del auto, guardé las llaves en el bolsillo de mis jeans y, cual dos nenes chiquitos, empezamos a correr de un lado a otro. Cualquiera que nos viese en ese momento, hubiese pensado que estábamos mal de la cabeza, y a veces yo tenía la duda de lo mismo. Lo bueno era que estábamos en primavera, por lo que no teníamos que preocuparnos mucho porque las calles estuviesen resbalosas o algo, y era bastante tarde, así que, prácticamente no había gente en las calles.
Después de un rato corriendo por toda la calle, me di por vencido; de todas formas, me las iba a cobrar más tarde.
-Ok, ok… me rindo. – exclamé, sentándome en el umbral de la puerta de mi casa.
-¿Seguro?
-Sí… después me las voy a cobrar.
-¿Ah sí?
-Ajá… a menos que hoy quieras dormir afuera.
-No serías capaz.
-¿Queres averiguarlo?
-Te conozco Lefebvre… no serías capaz de dejar a tu novio durmiendo en la calle.
-¿Hacemos la prueba? Si tan seguro estás de que yo no sería capaz, ¿Por qué no aceptas?
-Hijo de puta – exclamó entrecerrando los ojos – Sos capaz de dejarme afuera aunque te mueras ¡Sólo por orgullo!
-¿Queres comprobarlo?
-No, no quiero cagarme de frío… Quiero dormir calentito con mi novio. – era irresistible cuando hacía pucherito, y se aprovechaba de eso.
-¿Quién dijo que ibas a dormir conmigo?
-¡Qué puto! Mañana le voy a decir a tu mamá que me maltratas y que no me cuidas.
-Ja, ja… te amo mi vida… - me puse de pie y me acerqué a él. Tomé su cara con ambas manos y lo besé. – obvio que vas a dormir conmigo… Ese es su lugar señorito.
-Te amo.
Finalmente entramos, y preparamos algo rápido para cenar, ya que se estaba haciendo bastante tarde. Después de comer, nos duchamos, y nos acostamos.
-No me acostumbro a dormir solito… - dije, mientras lo acercaba más a mí y pasaba un brazo por encima de él para abrazarlo – Dos noches que dormí con vos y ya no puedo dormir solo. ¿A vos te parece?
-¿Cómo vas a hacer cuando tengamos giras? – preguntó y se giró para mirarme.
-Me voy a morir…
-Exagerado.
-No, realista. Imaginate no poder ni siquiera hablar constantemente por las diferencias de horario y todo eso…
-¿Armamos giras en conjunto por todo el mundo?
-Ja, ja… ojalá pudiéramos. Lo haría con gusto.
-Sería genial.
-La verdad que sí… recorrer el mundo, haciendo lo que amo, con mis mejores amigos y la persona que más amo. ¿Acaso podría ser mejor?
-Ya lo vamos a hacer.
-Te amo mi vida…
-Yo más Seb. Gracias por todo esto…
-No tenes que agradecer nada Al…
- Espero que salga todo bien mañana.
-Va a salir todo perfecto… olvidate amor, mi mamá te adora. No tenes de qué preocuparte.
-No me vas a sacar los nervios.
-¿No?
-No…
-¿Seguro?
-Ajá.
-¿Y así? – lo besé.
-Apenitas. – volví a besarlo – ahora un poquitito más.
-Sos terrible – esta vez él me besó a mí.
Como era de esperarse, un simple juego terminó en unos besos bastante apasionados. Estábamos jugando al límite, mucho más siendo que todo lo que teníamos puesto eran los bóxers.
-Si – me besó – no queres… que deje de ser… responsable de mis actos… mejor bajemos un cambio.
Me besaba cada algunas palabras, sin dejarme hablar fluidamente, y a eso se le sumaba la irregularidad de nuestra respiración. Podía sentir tanto mi corazón como el suyo latiendo más rápido de lo normal, si no le poníamos un alto enseguida, estábamos jugados.
-Amor… - murmuré.
Se separó de mí y volvió a recostarse pero dándome la espalda, y sin decir una palabra.
-Al… amor… ¿Te enojaste? Perdón. Es sólo que….no quiero hacerlo todavía.
-No Seb… no me enojé…
-¿Entonces? ¿Qué pasa?
-No quiero cagar las cosas… soy un estúpido. Perdoname vos a mí.
-Hey… no sos ningún estúpido.
-Sí, lo soy… Me dejé llevar por la calentura.
-Los dos lo hicimos Al… es normal. La culpa es de los dos en todo caso. ¿Puedo dormir abrazado a mi novio al menos o me va a dar la espalda toda la noche?
Se giró y una pequeña sonrisa se le marcó en el rostro. Apoyó la cabeza en mi pecho mientras yo pasaba un brazo por su espalda y lo abracé.
-Te amo Seb. Perdón.
-Yo también te amo Alex… sos mi vida payasito. Y deja de pedirme perdón. Vamos a dormir ¿Sí? Que mañana nos espera un día largo.
-Sí… tenes razón… hasta mañana amor – se reincorporó un poco y me besó.
-Hasta mañana gordo.
Abrazándolo no tardé mucho en quedarme dormido, y él tampoco. A la mañana siguiente, nos levantamos no muy temprano, desayunamos y, el resto de la mañana, lo pasamos disfrutando de la tranquilidad de estar en casa sin nada que hacer.
-¿A qué hora nos espera tu mamá hoy? – preguntó mientras perdíamos el tiempo en el mini estudio.
-Emm… después del mediodía. No hay apuro.
-Ok.
-¿Seguís nervioso?
-Un poco.
-Tranquilizate amor…
-Fácil de decirlo, pero no de hacerlo.
-Al… tampoco es la gran cosa…
-Para mí sí Seb.
-Bueno amor… pero no estes nervioso, porque no tiene sentido.
Entre idas y vueltas, nos dispusimos a preparar algo para comer. Después de almorzar, decidimos empezar a prepararnos para la pequeña reunión que teníamos.
-Ok… me voy a dar una ducha amor…
-Dale Al…
Él se duchó primero y, cuando salió, lo hice yo. Al salir del baño, vi a Alex dando vueltas de un lado a otro, sólo con los jeans puestos, y revolviendo todo lo que tenía en su mochila. Realmente lo estaban consumiendo los nervios.
-¿Pasa algo? – pregunté, mientras terminaba de secarme el pelo con la toalla.
-Que no sé qué mierda ponerme y me está frustrando.
-Te voy a pegar Alex. – me mató sólo con la mirada – a ver… ¿Qué trajiste?
Señaló la pequeña montaña de ropa que había sobre la cama. Me acerqué, revolví un poco las cosas y le entregué una musculosa gris y una camisa a cuadros gris y negra haciendo juego.
-Todo te queda hermoso… ponete eso y relájate. – me acerqué a él y lo besé – te amo mi vida.
-¿Qué haría sin vos? Yo también te amo. ¿Estás seguro que esto va bien?
-Al… ponete eso y listo. Sos hermoso, y vas a quedar hermoso hasta vestido de mina. ¿Ok?
-No te creas… la ropa de mina no me favorece mucho.
-Ja, ja… tarado. Igual no creo que sea muy lindo que le aparezcas a tu suegra vestido de mina.
-Me ve y te dice “Seb… no me dijiste que salías con un travesti”… y vos le vas a decir “ehh… me olvidé de ese pequeño detalle”.
-Ja, ja… sos único pendejo. Cambiate que voy a buscar el cel que lo dejé en la cocina así le aviso que en un ratito vamos.
-Dale.
Fui hasta la cocina, tomé mi teléfono y llamé a mi mamá. Era más rápido que mandarle un mensaje.
-¿Hola?
-¡Seb! ¿Cómo estás?
-Bien, bien… ¿Vos?
-Bien… ¿Pasa algo que llamas?
-No.. bah, era para avisarte que estoy con Alex, y que en un ratito vamos. ¿Estás en casa?
-¿Sí? Qué bueno… Sí, yo estoy en casa, así que vengan cuando quieran.
-Genial.
-Mandale un beso a ese chico… y los veo en un rato.
-Dale… te amo.
-Yo también hijo.
Corté la llamada y volví a la habitación. Alex estaba peinándose, o haciendo el intento, mientras se miraba al espejo. Me quedé apoyado en el marco de la puerta, mirándolo, y sonriendo.
